A punto de alcanzar la veintena de paquetes de sanciones desde el 24 de febrero de 2022, la insistencia en las malas condiciones de la economía rusa, siempre al borde de la recesión -ocultando los países europeos que también lo están- o del colapso, sigue siendo una parte fundamental del discurso occidental. Para la UE, esa herramienta económica, la esperanza de que, si la guerra se alarga lo suficiente, Rusia no podrá seguir luchando es uno de los argumentos para seguir exigiendo a Estados Unidos unas condiciones de paz para Ucrania que no se corresponden en absoluto con la realidad. En el caso de Washington, que ha realizado este año un intento de aproximación diplomática y económica a Rusia, el argumento es el péndulo que se mueve al eco del humor de Donald Trump. En ocasiones, la Federación Rusa es un aliado demasiado grande en términos económicos y militares, mientras que, en otras, Rusia es un país que sufre gracias a las sanciones impuestas por Estados Unidos.
Al contrario que los neocon que trabajaron durante años para conseguir su guerra en Irak, Donald Trump no ha tenido ningún problema en admitir que Washington quiere quedarse con el petróleo de Venezuela. Una de las primeras órdenes de Marco Rubio, que aspira ahora a jugar un rol similar al de un virrey colonial, ha sido precisamente prohibir que Venezuela venda su petróleo a oponentes de Estados Unidos. Pese a la descarbonización y aumento del peso de las energías renovables en el mercado energético, el petróleo sigue siendo una materia prima clave de la economía actual y el control de sus flujos da a quien disponga de él una ventaja cualitativa sobre sus competidores. El deseo estadounidense de ejercer ese control en el mercado global no se limita a Venezuela o Irán, sino que se extiende a Rusia.
Desde la tribuna de la Asamblea General de Naciones Unidas, Donald Trump reprochó a los países europeos seguir comprando petróleo ruso y exigió que esas adquisiciones terminen. India sufrió la imposición de aranceles por su colaboración energética con Rusia, que había redirigido al subcontinente una parte importante del petróleo que antaño enviaba a los países europeos. La semana pasada, Bloomberg anunciaba que tres buques con petróleo ruso habían declarado puertos indios como su destino final, dando por hecho que, pese a las amenazas, India no ha renunciado al petróleo ruso tal y como exigía Donald Trump, que también impuso sanciones contra las dos grandes empresas petroleras rusas. Aunque ilegales al tratarse de medidas coercitivas unilaterales, el control que Washington ejerce sobre los flujos comerciales hace de esas sanciones peligrosas para la economía rusa.
Casi cuatro años después del inicio de la campaña de sanciones occidentales con ambición de destrucción de la economía rusa, Moscú ha desarrollado estrategias para esquivar las sanciones. Y si caen las exportaciones de Rosneft, ascienden las de otras empresas menores. Y si la flota con la que las empresas acostumbraban a exportar la materia prima está sancionada, se crean flotas alternativas –las mal llamadas “flotas fantasma”, término utilizado por la prensa para demonizar un comercio que simplemente se realiza al margen del control occidental y de sus empresas de seguros- para continuar navegando. Los problemas asociados a esa práctica son evidentes. Al tratarse de buques antiguos, el riesgo de averías y accidentes aumenta, como lo hacen también las probabilidades de catástrofes medioambientales. Como ya ha demostrado Ucrania, esos buques quedan también expuestos a los ataques con drones a centenares de kilómetros del frente. Y, como pudo verse ayer, están también expuestos a la piratería de Estados Unidos y sus aliados. Con la inestimable colaboración del Reino Unido, las tropas estadounidenses abordaron ayer el buque Marinera, un petrolero de la flota fantasma de Venezuela que había esquivado el primer ataque estadounidense y, registrado ya como parte de la flota rusa, navegaba hacia el norte del Atlántico, previsiblemente en dirección a Rusia. “El bloqueo al petróleo venezolano sancionado e ilícito continúa EN PLENO EFECTO —en cualquier parte del mundo”, escribió el secretario de Guerra de Estados Unidos. Según la versión de Pete Hegseth, parece haber dos tipos de petróleo, el lícito, es decir, aquel cuyo comercio está bajo control de Estados Unidos, y el ilícito, el que escapa al dominio del gobierno global del sector. El abordaje y la detención del buque -ilegal, al tratarse de unas sanciones unilaterales y contra un petróleo inexistente, ya que el buque no contenía carga- se produjo poco antes de que llegaran los buques y el submarino que Rusia había enviado para escoltar al Marinera, que huía de la depredadora persecución desde hace dos semanas.
La respuesta rusa ha sido previsiblemente medida. No enfadar a Donald Trump sigue siendo la máxima de la relación con Estados Unidos, que sigue cruzando líneas rojas con la impunidad de quien impone y aplica las normas dentro de sus fronteras y más allá de ellas, con la extraterritorialidad -aplicación de la legislación de un país en un territorio que no es el suyo- de la que solo disfrutan quienes pueden aplicarla por la fuerza. “El 24 de diciembre de 2025, el buque «Mariner» recibió un permiso temporal para navegar bajo la bandera estatal de la Federación de Rusia, emitido de conformidad con la legislación rusa y el derecho internacional. Hoy alrededor de las 15:00 (hora de Moscú), en mar abierto fuera de las aguas territoriales de ningún estado, las fuerzas navales de EE. UU. abordaron el buque y se perdió la comunicación con el mismo. De conformidad con las normas de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, en mar abierto se aplica un régimen de libertad de navegación y ningún Estado tiene derecho a usar la fuerza contra buques debidamente registrados en las jurisdicciones de otros Estados”, denunciaba el comunicado del Ministerio de Transporte de la Federación Rusa, que exigía que se respeten los derechos de la tripulación de nacionalidad rusa y que los detenidos sean puestos en libertad a la mayor brevedad. La incautación del buque no solo recuerda que Estados Unidos impone contra Venezuela un bloqueo ilegal, en sí un acto de guerra, sino que está dispuesto a utilizar tácticas bucaneras también contra el petróleo ruso, un precedente peligroso que apunta a otra escalada en la lucha económica.
A las medidas coercitivas impuestas por Estados Unidos y al intento de Washington de quedarse con el negocio exterior de las empresas petroleras rusas vetadas –otra declaración de su intención de monopolizar el comercio de petróleo- hay que añadir lo que, con su sorna habitual, Ucrania califica como sus propias sanciones. Desde el verano, con la inestimable ayuda de inteligencia de Estados Unidos, determinado a debilitar al máximo a uno de sus grandes rivales en el sector, Ucrania ataca repetidamente refinerías de petróleo en diferentes zonas de Rusia. Pese al intento de Kiev de presentar estas acciones como un elemento capaz de reducir la producción de gasolina hasta paralizar al ejército, no se ha producido ninguno de los efectos que Ucrania desea ver. Constante en su actuación y terca en su voluntad de seguir repitiendo la misma acción esperando un resultado diferente, Ucrania sigue exigiendo a sus aliados más misiles para golpear esas infraestructuras civiles que son clave para la economía rusa. Y lo hace aparentemente sin esperar una respuesta equivalente.
El aspecto económicamente más vulnerable de Ucrania no es su producción energética, sino su valor comercial, especialmente sus puertos, con el de Odessa a la cabeza. “A lo largo de diciembre, los ataques rusos se han centrado en Odessa, el principal centro de exportación de cereales de Ucrania y su vía de comunicación económica con el resto del mundo. Los ataques han dañado infraestructuras, depósitos de almacenamiento y redes eléctricas, además de causar la muerte y heridas a decenas de personas. Los analistas afirman que reflejan cómo Rusia busca cada vez más formas de debilitar la economía de Ucrania”, escribía la semana pasada The Wall Street Journal, que en ningún momento mencionaba que estos ataques son la respuesta rusa a una larga campaña con la que Ucrania ha admitido abiertamente buscar destruir la economía rusa. “Definitivamente quieren aislar a Odesa y otras ciudades en términos de infraestructura. Están atacando y destruyendo tanto a las personas como a la economía al reducir nuestra capacidad de exportación a través del corredor marítimo”, se quejó la semana pasada Zelensky en su habitual estilo de exagerar las bajas humanas y ocultar que las acciones rusas solo han aumentado cuando lo han hecho los ataques ucranianos contra las infraestructuras energéticas rusas.
“Alrededor del 90% de la producción agrícola de Ucrania se exporta por mar, según el Ministerio de Desarrollo de Comunidades y Territorios de Ucrania, que estima que seis puertos de la región de Odesa gestionaron alrededor de 76 millones de toneladas de carga durante 11 meses de 2025. Ucrania ha aprendido a proteger este comercio utilizando drones navales para mantener a raya a la Flota del Mar Negro de Rusia”, escribe The Wall Street Journal destacando la importancia de Odessa para la economía ucraniana y su vulnerabilidad, siempre sin recordar que los misiles y drones no solo vuelan en la dirección Crimea-Odessa sino también en la opuesta y olvidando convenientemente que solo Ucrania ha amenazado sistemáticamente buques comerciales. En plena escalada de la guerra económica, Kiev se sorprende porque Rusia esté “destruyendo todos los elementos de la cadena logística de exportaciones”.
La caída de Andriy Ermak, cesado tras el estallido de un caso de corrupción que afectó directamente al círculo más cercano al presidente de Ucrania, ha resultado ser aún más relevante de lo que aparentó en un principio. El caso no solo se ha llevado por delante al consejero más importante de Volodymyr Zelensky, sino que ha resultado ser el inicio de una transformación mucho más amplia. El caso obligó a uno de los amigos más cercanos de Zelensky a huir del país -una salida permitida y privilegiada, por lo que, al contrario que otros hombres en edad militar, no tuvo que huir del país por los Cárpatos ni jugarse la vida cruzando ríos en los que decenas han perdido la vida- y apartó definitivamente del poder a Ermak, que hasta entonces había resultado intocable. A priori de forma contradictoria, la causa no ha afectado a Rustem Umerov, presidente del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, un puesto que puede equipararse al de asesor de seguridad nacional y en el que no solo se ha mantenido, sino que ha ampliado sus poderes al heredar de Andriy Ermak el rol de encabezar las delegaciones negociadoras con los aliados europeos y estadounidenses.
Desde la caída de Ermak, Zelensky no se ha limitado a sustituir a quien hasta entonces había sido su confidente y asesor ejecutivo más cercano, sino que se ha producido un cambio de rumbo claro acorde a la coyuntura y necesidades actuales. Ayer, Zelensky volvió a reunirse con los jefes de Estado o de Gobierno de los países que integran la Coalición de Voluntarios, dispuestos a enviar un contingente de tropas a la Ucrania posterior a un posible alto el fuego siempre que Estados Unidos aporte una cobertura y garantías de seguridad. Estas reuniones, que se prolongan desde hace meses y en las que no se pueden tomar las decisiones definitivas, son, en realidad, una herramienta de presión a Washington en busca de concesiones en materia de seguridad. Sigue leyendo
La crisis Honor-Azov de 2020Si la separación entre Honor y Azov se fundamenta en el conflicto del grupo de Filimonov con Botsman, la fase de ruptura definitiva coincide en el tiempo con la participación de Honor en las acciones de apoyo a Serhiy Sternenko durante sus imputaciones judiciales de 2020.
En paralelo a la progresiva ruptura con las fuerzas pro-Avakov tras el conflicto de Protasiv Yar, en la primavera de 2020 Honor se presenta ante Azov con una apuesta decidida por Sternenko.
En ese periodo, la situación judicial de Sternenko da un giro como consecuencia del nombramiento de Iryna Venediktova, vilipendiada por ciertos sectores por vínculos con Avakov, como Fiscal General de Ucrania. La nueva fiscal general se muestra dispuesta a relanzar los procesos penales contra el activista y a promover la imputación del activista de Odessa por la muerte de Ivan Kuznetsov. El 4 de mayo, el voluntario nacionalista Roman Sinicyn adelantaba en este sentido que el SBU, junto con la Fiscalía General, estaba preparando un documento de acusación contra Sternenko, calificando la acción contra Kuznetsov de asesinato premeditado.
Previamente, el 5 de marzo, Andriy Portnov anticipaaba que el activista de Odessa sería considerado penalmente responsable de asesinato intencionado con agravantes, aunque denunciaba maniobras posteriores del Fiscal General Ryaboshapka, que aún había sido sustituido. El 17 de abril, Portnov celebraba la petición judicial del traspaso del caso del SBU a la policía, aunque el 21 se lamentaba de la resistencia de la nueva Fiscal Venediktova a aplicar la decisión judicial. Para entonces, Portnov empezaba a tomar conciencia de las dificultades a la que se enfrentaría, incluidas las propias posiciones de los fiscales, a través de la práctica de la incomparecencia de fiscales e imputado y otras formas de obstrucción, para llevar a buen puerto su acción judicial contra Sternenko.
En el lado opuesto del espectro político, la imputación de Beria se presenta por el movimiento nacionalista pro-Sternenko como una estrategia de revancha de las fuerzas prorrusas en Ucrania que encontrará fuerte resistencia en el mundo derechista de los ultras del fútbol ucraniano en el que se desenvuelven los militantes de Honor.
El 5 de mayo, los ultras del Dynamo de Kiev emiten un comunicado en su página de Facebook en la que señalan seguir de cerca “la situación en torno al caso del activista y nacionalista Serhiy Sternenko” y que “si las fuerzas antiucranianas intentan imputar ilegalmente de asesinato o detener a Serhiy, anunciaremos de inmediato una movilización general y una concentración de protesta”. Lanzan un llamamiento a los fans a mantenerse al tanto de los acontecimientos, afirmando que “¡Los ucranianos tienen derecho a la legítima defensa!”.
El 6 de mayo, Honor se adhiere a la declaración de una de las facciones de los fans del Dynamo, el bloque Родичі (Familiares) del que es miembro el propio Filimonov. En ella se afirma que, en caso de que se impute a Sternenko, no se quedarán al margen. “Llevamos dos años observando una campaña constante de propagandistas y políticos prorrusos, cuyo objetivo es convencer a la sociedad de que Sternenko no tenía derecho a defenderse de los ataques, a proteger la propiedad de la comunidad o a prohibir los conciertos de estrellas rusas en su ciudad. Estamos convencidos de que Serhiy está siendo perseguido por atreverse a ser ucraniano en Odessa. Si Sternenko es detenido, estamos dispuestos a convertirnos en una fuerza importante en el movimiento de protesta callejera en su apoyo”. Los cargos que pesaban sobre Sternenko, que durante años se había destacado por presionar a los jueces para impedir la puesta en libertad bajo fianza a los acusados por el caso 2 de mayo, que finalmente serían absueltos, eran secuestro y homicidio.
Ese mismo día, otros grupos ultras del fútbol ucraniano se adhieren a la posición de los fanáticos del Dynamo, entre ellos una de las facciones del Chernomorets de Odessa. El llamamiento ultra es bienvenido por figuras políticas entonces relevantes, por ejemplo, la exministra de Sanidad con Poroshenko, Ulana Suprun, una de las más fervientes defensoras de Sternenko y considerada, junto a su marido un exponente claro de la importancia política de la diáspora ucraniana procedente de Norteamérica.
El impulso de la movilización a favor de Sternenko desencadena una reacción en Azov, un ámbito poco propenso a simpatizar con el activista de Odessa. A primeros de mayo, tanto Strana como NewsOne recogen la dura acusación de Andriy Biletsky contra Sternenko en una entrevista en el canal ZIK TV. Desconcertado ante el hecho de que se calificara a Sternenko de «nacionalista», Biletsky afirmaba: «¿Qué clase de nacionalista es? Todo Odessa sabe perfectamente que este hombre administraba burdeles y garitos de drogas, mientras que la mayoría de los miembros del Praviy Sektor luchaban con honor en el frente«.
El 7 de mayo, Biletsky convoca a Serhiy Filimonov a una reunión a la que éste acude junto a otros antiguos camaradas de Azov, Nazar Kravchenko e Igor Malyar. Según la versión de Filimonov, en ese encuentro al que las dos partes acuden armadas, Biletsky se queja de la posición de Honor respecto a Sternenko y busca conocer quién está detrás de la organización de la acción en apoyo de Beria tanto en los medios como entre los ultras del fútbol. En respuesta a sus argumentos, Filimonov y sus acompañantes se enfrentan a todo tipo de amenazas y golpes por parte de una treintena de seguidores de Biletsky a quien el líder de Honor “respetaba hasta entonces como comandante y consideraba mi amigo”. En declaraciones a Radio Svoboda, Filimonov dice salir de la reunión “no como una víctima, sino decepcionado”.
En un mensaje del 8 de mayo, Nazariy Kravchenko señala que el objetivo de Azov en la reunión fue intentar convencerles de que no apoyaran a Serhiy Sternenko desde posiciones muy críticas con el activista de Odessa. “Los principales argumentos fueron golpes en la cabeza e interrogatorios”. Adelantando la posición de Honor, Kravchenko se reafirmaba entonces en su opción pro-Sternenko, señalando que “no abandonaban a los suyos”.
En un mensaje posterior en Facebook, el mismo 8 de mayo, Masi Nayem, abogado habitual de Sternenko y hermano del considerado padre del Maidan, aprovechaba el conflicto para situar el marco político de la futura movilización a su favor: la confrontación con el entonces, en términos nacionalistas, tímido gobierno Zelensky. “Y la pregunta para la Oficina del Presidente de Ucrania es: ¿Es esta la justicia de la que habló V. Zelensky? ¿O todavía tenemos que esperar?”, aseguraba en esa dirección Nayem.
El día 9, Novynarnia profundizaba en la versión de Filimonov, previamente adelantada en Facebook, situando la causa última del incidente en el deseo de Biletsky de «monopolizar el movimiento nacionalista» y de controlar todo el entorno de los ex participantes de Azov y del movimiento de derecha, evitando la consolidación de alternativas políticas al Cuerpo Nacional. Según Filimonov, “Biletsky sueña con convertirse en el padre de la nación y no necesita competidores … Y aquí está un tal Sternenko, al que todo el mundo se refiere, a quien todo el mundo observa, a quien todo el mundo ama. Por supuesto, esta es una historia muy dolorosa para él”.
En cualquier caso, Filimonov cree estar entonces en posición de fuerza. Afirma tener, frente a las acciones de descrédito de Biletsky, “muchas más oportunidades” para desacreditarle a él, convencido de que muchos militantes de Azov y del Cuerpo Nacional se pondrían de su lado (ya había sentido el apoyo de mucha gente de ese entorno, incluidos algunos jefes de las filiales del Cuerpo Nacional). En una respuesta a Yuri Butusov sobre la cuestión, Biletsky se muestra a la defensiva, apoyando el derecho a la defensa de Sternenko y solidarizándose con él ante el ataque de “los medios rusos y las fuerzas prorrusas en Ucrania”. Para Biletsky, sin embargo, la posición de Filimonov y de su grupo es deshonesta, siendo el argumento pro-Sternenko una “falsa razón” para “ensombrecer” al movimiento Azov. Señala que estará al lado de Sternenko en su próximo juicio, algo que nunca llegaría a suceder, al menos de forma públicamente relevante.
En una entrevista para Troublemakers Ukraine en torno al 12 de mayo, los entrevistadores preguntan a Filimonov si se estaba produciendo una lucha por el control de la fuerza de los ultras del fútbol que, antes del incidente de Sternenko, estaba estrechamente asociada con Azov y el Cuerpo Nacional. Filimonov responde que “en el caso Sternenko, la basura —Avakov, Sharii y Portnov—, curiosamente, está pronunciando las mismas palabras contra Serhiy. Parece que es vital para ellos encerrarlo a cualquier precio. Y entonces, de repente, Andriy Biletsky, que ha estado participando en los canales de Medvedchuk y soltando tonterías contra Sternenko, irrumpe en este coro de rusos y policías. Y es extraño. Parece que el comandante ha caído en malas compañías”. “Lo explico con el hecho de que se están preparando cosas extremadamente malas ahora mismo —Sternenko, Antonenko y muchos otros están bajo amenaza de prisión—, y quienes están detrás de estas tonterías son de vital importancia para que los aficionados se queden en casa. Eso es lo que veo”.
Filimonov precisa el contexto político de su apoyo a Sternenko, situándolo en el proceso Maidán durante el cual los ultras del fútbol, base posterior del movimiento Azov, se pusieron del lado del combate contra “la agresión rusa” [que, por entonces, no se había aún traducido en nada concreto, siendo la secesión de Crimea posterior a Maidán] y “entre esta gente, seguramente habrá quienes estén organizados, tengan principios y estén listos para actuar”. Según Filimonov, “en la situación de Sternenko, la postura de cualquier ucraniano normal es clara y predecible: el sistema no ataca a Serhiy, sino a cada uno de nosotros. El sistema quiere castigar al ucraniano que se resistió a los agresores que lo atacaron a él y a su novia. Esto no debe permitirse”. “Están sucediendo cosas alarmantes en el país. Necesitamos mantenernos unidos contra el mal real. Hay muchísimo por todas partes”.
Desde posiciones críticas con el nacionalismo, Sergey Spiridonov mencionaba un posible escenario de redistribución del poder y del liderazgo dentro del entorno radical. En ese proceso, que continúa hoy en día, los socios occidentales del nacionalismo ucraniano se orientarían a respaldar y a promover a Serhiy Sternenko, resistiéndose Biletsky a promocionar a la nueva estrella nacionalista.
Tras el incidente violento, la crisis entre Honor-Sternenko y Azov se acentúa. El 18 de mayo, chesno.org publica información comprometedora en la que Nazar Kravchenko acusa a sus antiguos compañeros del Cuerpo Nacional, entre ellos Biletsky y Botsman, de prácticas de malversación y financiación ilegal, prácticas en las que el propio Kravchenko señala haber participado.
Tras la crisis de mayo con Biletsky, se acentúa el enfrentamiento de Honor con el establishment ucraniano, en particular con el ministro del Interior, y apoyo de todos los batallones punitivos de voluntarios post-2014, incluido Azov, Arsen Avakov. La demanda de resignación de Avakov, aprovechando cualquier pretexto útil, se mantiene como uno de los principales ejes de confluencia entre Honor y Sternenko.
Un ejemplo de estas acciones es la convocatoria de las fuerzas ultranacionalistas el 5 de junio de 2020 para pedir la dimisión de Avakov en la que Filimonov acusa de forma indirecta a las partes ausentes, entre ellas Azov, agradeciendo a las organizaciones participantes: “¡Gracias «Svoboda», Praviy Sektor y veteranos de la guerra en el este, porque hoy estuvimos todos juntos!”. Un planteamiento que muestra un cisma más profundo entre la versión nacional-ucraniana clásica, defendida por los grupos dominantes en la zona occidental de Ucrania, como Svoboda o el Praviy Sektor, y la versión nacionalista de los rusófonos de Azov, con gran peso en el la parte más oriental de Ucrania.
Tras el relanzamiento en 2020 de la acción judicial contra Sternenko, el acercamiento organizativo entre Honor y Sternenko se traduce en una extensión de la movilización en las calles a su favor. A partir de ese momento, Honor se convierte en una especie de guardia pretoriana del nuevo héroe mediático nacionalista ucraniano y seguirá en la calle la evolución del recorrido judicial del exmiembro del Praviy Sektor.
Esta movilización se observa ya en el momento en el que, el 11 de junio de 2020, Sternenko se presenta ante el órgano judicial encargado de entregarle la notificación de su imputación en el caso Kuznetsov. En esta audiencia judicial, Sternenko es imputado por el asesinato intencional y posesión ilegal de arma blanca. Los esfuerzos del equipo judicial de Portnov alcanzan entonces su punto álgido, aunque sin consideración por el tribunal de los agravantes que llevaban al equipo Portnov a solicitar cadena perpetua.
La vista del 11 de junio se ve entorpecida por enfrentamientos en el exterior entre varios cientos de partidarios de Sternenko y la policía. Con posterioridad, los manifestantes continúan su protesta frente a los apartamentos donde la fiscal Iryna Venediktova y el presidente Volodymyr Zelensky están registrados.
Unos días después, el 15 de junio, el Tribunal del Distrito Shevchenkivsky de Kiev dicta una medida cautelar contra Sternenko consistente en arresto domiciliario continuo durante 60 días. Portnov empezaba ya a intuir la voluntad de la Fiscalía General de evitar el ingreso en prisión de Beria.
En una aproximación a la nueva fase de movilizaciones en favor del imputado Sternenko, un artículo de la BBC presentaba la acción judicial contra el activista de Odessa como uno de los “juicios más sonados de la historia moderna de Ucrania” y describía de esta forma el acto de protesta en el día de la primera audiencia contra él: “El proceso se asemejaba a un mitin político, con el «héroe de la ocasión» —el propio Sternenko (oficialmente sospechoso)— apareciendo de vez en cuando. Sternenko, un orador hábil y con gran capacidad de expresión … cambió ante el tribunal la camiseta que solían llevar sus conocidos por una chaqueta elegante y gafas”. Profundizando en el cambio de imagen del activista, continuaba: “Al observar el comportamiento actual de Sternenko ante las cámaras, es difícil evitar la impresión de que no es un activista callejero, aunque sea uno de los más conocidos en Ucrania, sino un político de pleno derecho. Aquí está, animando a sus partidarios, ignorando preguntas incómodas de canales de televisión claramente desleales ante los vítores de aprobación de la multitud, y ampliando el contexto al abogar por la protección legislativa del derecho de los ciudadanos a la legítima defensa…”. La tendencia de la prensa occidental a blanquear a los activistas nacionalistas, igual que el intento de Sternenko de hacer olvidar su pasado violento sin renegar de él, precede en varios años a la invasión rusa.
La BBC recogía los agravios de los partidarios de Sternenko, en particular la reivindicación del principio de autodefensa frente a la acción de venganza de las fuerzas Antimaidán en un proceso de retroceso, sancionado por el gobierno Zelensky, respecto a los logros de Ucrania durante la «revolución de la dignidad». Beria gestionaba aún más hábilmente la situación para, antes de la sentencia, afirmar en su discurso a sus apoyos: “No sé si saldré a verlos después de que se anuncie el veredicto… Sea cual sea la decisión, estoy convencido de que no perderemos. Si la decisión de hoy es ilegal, será el principio del fin para ellos. Hay más de cien personas aquí hoy. No entienden que si pisotean los derechos humanos y se dedican a la persecución política, entonces, en lugar de cientos, miles, decenas, y si es necesario, cientos de miles saldrán a la calle”.
Honor estará a partir de entonces presente en las distintas convocatorias que acompañarán el desarrollo de las distintas convocatorias judiciales del periodo contra Sternenko. En ese proceso, la presión política y mediática nacionalista buscará atenuar al máximo las intenciones judiciales en el caso Kuznetsov. Así, ya el 6 de agosto, el Tribunal del Distrito de Shevchenkivsky de Kiev suaviza la medida cautelar contra Sternenko, sustituyendo el arresto domiciliario permanente por arresto domiciliario nocturno. Aunque tras ser traspasado el caso a Odessa, el 31 de agosto la Fiscalía vuelve a solicitar nuevamente la detención de Sternenko, el 28 de septiembre, el tribunal Distrito de Prymorsky de Odessa rechaza la solicitud y confirma el arresto domiciliario nocturno para el activista.
Pero las cosas se complican para Sternenko tras la reapertura del juicio por el secuestro y extorsión de Sherbych. Previendo una sentencia desfavorable, el 19 de febrero de 2021, unos días antes de su publicación, Honor señala en Telegram que “el caso es una porquería, igual que nuestro sistema judicial. Solo un policía, un fiscal, un delincuente o un borracho canalla que atropella a la gente puede ser absuelto. Y una persona normal [NR: en referencia a Sternenko] solo puede merecer justicia mediante la publicidad y el apoyo público. Es muy importante apoyar a Serhiy ahora, porque mañana cualquiera podría estar en su lugar”.
El 23 de febrero sale la sentencia condenatoria contra Sternenko: siete años y tres meses de prisión con confiscación de la mitad de sus bienes por el secuestro en abril de 2015 de Sergei Sherbych. A pesar de las evidencias en su contra, que se confirmarán en las distintas fases posteriores del trámite judicial, Honor afirma que “las autoridades encarcelaron a Serhiy Sternenko por un caso falso. Este es un desafío para todos los ciudadanos. Hoy, o estás con Serhiy o esperando a que vengan a por ti. Ha comenzado una nueva era en Ucrania. No desesperéis: ¡ganaremos sin duda!”. En otro post del mismo día se sitúa el contexto de la acción, vinculada de nuevo a la demanda de acciones judiciales contra representantes del mundo ruso: “Cuando Zelensky cerró los canales de Medvedchuk, la gente común lo apoyó … Cuando Shariy fue declarado en busca y captura, la gente común lo apoyó … Cuando este sinvergüenza quiso encarcelar a Serhiy Sternenko, la gente común quiso darles una paliza. Porque dos buenas acciones no dan derecho a la estupidez. Patriotas sin recursos organizaron manifestaciones en todas las grandes ciudades. Los ucranianos están de nuevo dispuestos a salir a las calles para exigir justicia”. Todo ello con un insulto directo a la Administración de la época: “Payaso (Zelensky)”, sentenciaba sugiriendo, como es habitual en las luchas políticas ucranianas, algún tipo de conspiración prorrusa.
Con posterioridad, Honor calienta el ambiente en un proceso de movilización que, además de una manifestación masiva el 27 de febrero (“Justicia para Sternenko, justicia para todos”), culminará con los eventos del 20 de marzo en Bankova, enfrente de la Administración presidencial. En sus proclamas en Telegram señala que, en el caso Sternenko como en otros, todo “está siendo fabricado desde lo más alto” y que “el 23 de febrero, Serhiy Sternenko fue encarcelado cínicamente por no guardar silencio”.
El 26 de febrero, Filimonov realiza un llamamiento “a todo aquel/la que se considere nacionalista” en el que, apuntando siempre al mismo enemigo, señala: “En 12 horas, comenzarán las acciones indefinidas en todo el país para la liberación del preso político Serhiy Sternenko. Esto significa que cada uno de nosotros tiene 12 horas para decidir si se une a la defensa de quien hoy es el principal objeto de odio de toda la agencia del Kremlin, de todos los medios prorrusos y de todos los secuaces de Putin en nuestro país. Llevo varios meses observando cómo la quinta columna intenta, con habilidad y convicción, engaña a la derecha ucraniana para dejar a uno de los críticos acérrimos del ocupante sin apoyo nacionalista. Por supuesto, depende de usted decidir si apoya a la persona a quien el ocupante quiere silenciar hoy, pero pregúntese: ¿puede seguir considerándose nacionalista manteniéndose al margen?”. Ese mismo 26, Honor recuerda que en la acción “el uso de símbolos de partidos durante el evento se considerará sabotaje deliberado. Ningún partido utilizará el nombre de Serhiy Sternenko ni de otros presos políticos para obtener dividendos políticos”.
El 4 de marzo, Honor acusa directamente a Zelensky. Señala que desde el 23 de febrero “miles de personas en Ucrania y en el extranjero han salido a las calles para expresar su protesta, pues entienden que el silencio mantiene a la gente encarcelada. Pero durante todo este tiempo, el presidente, garante de nuestros derechos y libertades, no ha dicho nada. Y aunque Zelensky y su círculo admiten que nuestro sistema judicial ha demostrado su incompetencia, no hacen nada para impngedir que esta maquinaria represiva proteja a criminales y envíe a inocentes a prisión”. Y en una nueva fase de movilización se anuncia que “el 8 de marzo le recordaremos esto al presidente en su residencia estatal”. El día 13 vuelve a recordar que “el presidente ha decidido ignorar por completo nuestra protesta pacífica. Llevamos dos semanas esperando”.
Haciéndose eco del proceso de movilización que culmina el 20 de marzo con los ataques en Bankova, la BBC señala unos días después que las acciones en favor de Sternenko, ya ligadas en su visión a las propuestas de reforma judicial, constituían las protestas más masivas y activas contra el Gobierno Zelensky, con indicios de que podrían intensificarse y agravarse en sus consecuencias.
Entre los organizadores, la activista de la rama ucraniana del Comité Helsinki de Derechos Humanos, Maryna Jromykh, entonces gerente del área de Militancia y Comunicación del grupo, señalaba en esa dirección: «Si el presidente ignora lo sucedido el sábado, no me sorprendería que la próxima manifestación adoptara medidas aún más radicales. No lo digo como organizadora, sino como alguien que observa las tendencias«, advertía antes de aconsejar a Zelensky que “debería actuar como un hombre de estado, no como un crío intimidado por Avakov”. Para la activista «Zelensky está cometiendo el mismo error que su predecesor: ignorar las demandas del pueblo«. Según Jromykh, “Nuestras acciones dependen de las suyas”. Según ella, no habrá protestas si las autoridades empiezan a responder a las demandas de los manifestantes. Estas exigencias incluyen la liberación de Sternenko y otros presos políticos, sanciones contra figuras prorrusas, con mención específica a una actuación directa contra Andriy Portnov, y la renuncia de altos cargos como Iryna Venediktova y Arsen Avakov.
Por su parte, Filimonov, al referirse a posibles nuevas acciones, en paralelo a la siguiente audiencia contra Sternenko, respondía de la siguiente manera a la pregunta de si habrá enfrentamientos con la policía: “Si nos golpean, habrá una acción. Si no nos escuchan y hay represión, entonces el escenario es diferente”; “Si no hay justicia, el pueblo y la sociedad civil tienen derecho a elegir los métodos. En cualquier caso, estamos seguros de que la gente ya está harta de lo que está sucediendo en el país”. Además de la tendencia a ver agentes rusos en cada esquina, cada paso de la extrema derecha se produce en estos años denunciando una represión contra los grupos nacionalistas por parte de Zelensky que nunca iba a producirse.
En paralelo a la defensa de Sternenko, Honor sigue promoviendo acciones de ataque a los medios y grupos considerados prorrusos. Así, Filimonov y su grupo participan en la acción del 24 de febrero de 2021 contra el grupo de Anatoly Shariy. Ese día, un grupo de Honor irrumpe en la sala de reuniones del Ayuntamiento de Kramatorsk y protagoniza una pelea con representantes del grupo político de Shariy.
La acción del 20 de marzo de 2021 en Bankova pronto empieza a traducirse en resultados favorables para Sternenko. En abril, el tribunal de apelaciones mantiene la culpabilidad del activista, pero conmuta la pena por un año de libertad condicional.
El 1 de mayo, Honor empieza a cantar victoria por la liberación de Sternenko: “Amigos, esta publicación es de gratitud. Gracias a ustedes —ciudadanos comprometidos, periodistas y movimientos sociales que han protestado durante más de 500 días, escribiendo, recordando y sin olvidar— las autoridades han comenzado a atender parcialmente nuestras demandas comunes. Serhiy Sternenko está en casa, pero los difíciles e inciertos juicios continúan … ¡Gracias! Ustedes son el verdadero poder, y esto es evidente para todos, tanto en el gobierno como en las calles. Sin embargo, esto está lejos de ser el final. Así que permanezcamos unidos. ¡La verdad prevalecerá!”.
Sin embargo, el 21 de mayo el Tribunal de Primorsky de la ciudad de Odesa autoriza de nuevo la detención de Serhiy Sternenko para evitar sus habituales incomparecencias y forzar su presencia en la audiencia prevista del caso Sherbych. La respuesta es una convocatoria de manifestación para el día 22 ante la Oficina del Presidente exigiendo justicia para Sternenko. El 27 se señala que el siguiente lunes Sternenko será enviado a prisión, según la información facilitada por fuentes del Tribunal de Apelación de Odesa. “Esto ocurre a pesar de que el caso se ha desmoronado en los tribunales: los abogados desbarataron todos los argumentos absurdos de la fiscalía y los testimonios confusos del supuesto delincuente [en realidad el perjudicado por las acciones violentas de Sternenko y su grupo]. Sin embargo, la presión sobre el tribunal sigue siendo tremendamente intensa por parte de las filas de Avakov y Medvedchuk . Este domingo a las 18:00 estaremos en la Presidencia y no permitiremos que los opresores nos arrebaten la justicia”.
Finalmente, el 31 Sternenko y Honor consiguen casi todos sus objetivos en el caso Sherbych: “El caso fabricado sobre las «300 grivnas» se desmoronó en la corte de apelaciones. Pero aún no había que encontrar una prueba, así que Sternenko recibió una condena condicional de un año por una sola bala. La historia dista mucho de ser perfecta, pero precisamente gracias a la calle, Serhiy no acabó hoy en una colonia penal. Y por eso, muchas gracias a todos. Esto no ha terminado aún, y quedan muchas acciones por delante. Pero sí, poco a poco, les enseñaremos democracia a las autoridades”.
Es el punto culminante de unas movilizaciones cuyos impulsores presentan como el “último argumento” de la sociedad civil frente a la inacción gubernamental, apoyada en la presión internacional y la cobertura mediática, amplificadoras ambas del impacto de las protestas.
Poco antes de la invasión rusa, el 10 de febrero de 2022, el Tribunal Penal de Casación revisó el caso y finalmente anuló la condena por el caso Sherbych a pesar de haber quedado acreditada durante todo el proceso judicial la participación de Sternenko en los hechos.
A primeros de 2022, la acción callejera de Honor aún se mantenía viva, con una convocatoria contra la televisión Nash, propiedad del “agente ruso”, según Filimonov, Eugene Murayev. Pero soplaban ya vientos de guerra.
La colaboración de Honor con Sternenko se traduce entonces en la rápida organización el 12 de febrero de una manifestación de resistencia ucraniana, la llamada Marcha de la Unidad. Organizada por Filimonov y Sternenko “para mostrarle al enemigo que los ucranianos están listos para defenderse”, siguiendo el modelo habitual: los dos aliados instan “a todos a abstenerse de las banderas de las organizaciones y los partidos políticos” y a desfilar “unidos por la bandera amarilla azul”. Con mucho menor éxito de participación, intentarán luego replicar el acto en Odessa.
Se trata de las últimas iniciativas de activismo civil de Filimonov. Honor se convertirá, tras la invasión rusa, en una unidad de combate. A primeros de marzo se publica una foto de Honor en la que aparecen Filimonov y Sternenko y se señala que están a la espera de órdenes. Algunas fuentes permiten situar el lugar en alguna parte de la carretera Zhytomyr-Kyiv. El día 5 de marzo vuelve a acreditarse la presencia de Sternenko con Honor.
Sin embargo, estas imágenes militares de Sternenko pronto desaparecen. Acusado, al igual que otros activistas promotores de las movilizaciones a su favor, de huir de la movilización, con acta de persecución por parte de algún tribunal local, Sternenko retoma la vida de bloguero e influencer, centrado ahora en conseguir recursos para drones del ejército ucraniano. Mantendrá durante un tiempo la costumbre de repostear mensajes de Filimonov y de su unidad militar, costumbre que irá poco a poco desapareciendo tras el acceso del líder de Honor al puesto de mando en los Lobos de Da Vinci.
Es el fin, quizás provisional, de la acción callejera conjunta de Sternenko y Honor, pero el punto de partida de un protagonismo aún mayor de Sternenko como activista y recaudador de fondos para la adquisición de material militar a favor del Ejército de Ucrania.
En el peor día posible, con toda la atención política mundial centrada en Caracas, Ucrania celebró el sábado una reunión que llevaba días preparando y que esperaba que fuera un gran acto de relaciones públicas. Días antes, Volodymyr Zelensky había presentado el importante acuerdo para celebrar dicha cumbre de asesores de seguridad nacional de los países de la Coalición de Voluntarios en Ucrania. Se mantenía entonces la falsa esperanza de que Steve Witkoff y Jared Kushner, ninguno de ellos asesor de seguridad nacional de Trump, acudieran de forma presencial a una reunión en la que nunca iban a implicarse en exceso. Estados Unidos tiene claro cuáles son los formatos en los que se toman decisiones y la Coalición de Voluntarios no es uno de ellos. Sin atención mediática, la reunión quedó reducida al insulso comunicado de Kirilo Budanov, el primero de su nueva etapa de político respetable.
“Por encargo del presidente de Ucrania, se celebró una importante reunión con los asesores de seguridad nacional de los países socios de Ucrania, miembros de la Coalición de Voluntarios, que habían llegado a Kiev”, explicaba Budanov con un mensaje que hasta la semana pasada habría correspondido a Rustem Umerov. Como indicaba la semana pasada el periodista opositor ruso Leonid Ragozin, el nombramiento del exlíder de la inteligencia militar y principal patrón de los grupos neonazis y otras gamas de marrón fascista armados y entrenados para matar en el frente y en la retaguardia es un paso más en la consolidación del dominio del Estado “securocrático”, es decir, de la dictadura de las estructuras de seguridad del país, esas de las que forman parte quienes hasta ahora han sido asociados o subordinados de Budanov en el GUR. Sigue leyendo
“Os dije que dejarais de de decir aislacionista”, titulaba ayer TIm Barker, cuyo reciente libro es la crónica de cómo Estados Unidos ha basado su crecimiento económico en una versión muy particular del keynesianismo militar, concretamente en el uso del conflicto militar o la amenaza de guerra, entre ellas la nuclear, para favorecer las inversiones, pero sin ofrecer a la población la parte social que preveía el keynesianismo original. El académico reaccionaba, no solo a la agresión estadounidense de ayer contra Venezuela, sino a la interpretación malintencionada de la Estrategia de Seguridad Nacional de Donald Trump. “La Estrategia de Seguridad Nacional recientemente publicada por la Casa Blanca vuelve a hacer surgir la pregunta de si los americanos se están volviendo aislacionistas”, había escrito, por ejemplo, Karl Rove, una de las personas más cercanas a George W. Bush, el hombre que hizo de la guerra contra el terror el centro de la política y la economía de Estados Unidos.
La base de esa visión del mundo era el nationbuilding, la construcción nacional con la que el mesianismo cristiano evangélico, que aún no se había convertido tan claramente en el nacionalismo cristiano del que hoy hace bandera el trumpismo, iba a expandir los ideales democráticos y la economía capitalista. La construcción nacional era también la idea-fuerza que sustentaba el intervencionismo humanitario, ese que dio lugar a eufemismos como el bombardeo humanitario y que hizo de la guerra eterna, en aquel momento centrada en Oriente Medio, una cuestión bipartidista en la que las disidencias pacifistas eran la excepción en el consenso liberal y conservador. Sigue leyendo
Su muerte siempre resultó extraña, desde el propio anuncio a la forma en la que supuestamente se había producido. Su brigada, el Cuerpo de Voluntarios Rusos, RDK, lo anunció en las redes sociales sin apenas detallas y otorgando a su líder un final heroico, el final del guerrero que destacaba Maksym Zhoryn en su sentido homenaje. Denis Kapustin, White Rex, había caído en el frente a causa del impacto de un dron FPV en algún lugar del frente de Zaporozhie, uno de los dos actualmente activos. Las dudas comenzaron a surgir nada más producirse el anuncio del RDK, acompañado por una foto en blanco y negro de su líder caído. Al igual que otras figuras cuya importancia no es militar, como Andriy Biletsky, Kapustin no se había prodigado especialmente por el frente y su grupo se ha dedicado fundamentalmente a acciones concretas como parte de las fuerzas especiales del Directorio General de la inteligencia militar de Ucrania, es decir, de Kirilo Budanov, y a redadas como la que hizo famoso al grupo en aldeas puramente civiles de la parte rusa de la frontera.
El único detalle que hacía creíble que Kapustin hubiera sido destinado al frente era la muerte de al menos cinco soldados del grupo esa misma semana, algo que ha sido explicado como la consecuencia de la dificultad de Ucrania para reponer sus filas a causa de las bajas y dificultades de reclutamiento. Aunque en la entrevista que concedió a Fox News en su visita a Estados Unidos Zelensky afirmó que, por primera vez en la guerra, Rusia había sufrido pérdidas netas en el año (menor reclutamiento que muertes en el frente), no es Rusia quien está teniendo problemas para sustituir a los soldados muertos, heridos o que han de ser relevados al terminar sus rotaciones. La presencia de grupos como RDK, que en ningún momento ha sido concebido como unidad de infantería, es solo una evidencia más al respecto. Sigue leyendo
“Zelensky afirma en su discurso de Año Nuevo que el acuerdo de paz está listo al 90”, titulaba ayer la BBC en su noticia sobre las palabras del presidente ucraniano, que al contrario que hace una semana, no deseó la muerte a Vladimir Putin. Las palabras de Zelensky en referencia al acuerdo de paz vinieron acompañadas de los habituales matices. En primer lugar, ese 90% lleva semanas estático pese al optimismo mostrado por Kiev y Washington y las maratonianas sesiones de negociaciones que se han producido en Kiev, Moscú, Ginebra y Miami durante los últimos meses. En segundo lugar, en esos “últimos diez metros” mencionados hace un tiempo por Keith Kellogg, es donde se encuentran los aspectos más complicados de la resolución, que son también aquellos que han definido la guerra durante todo este tiempo: el territorio, la seguridad y la reconstrucción, directamente vinculada a la exigencia ucraniana y europea de recibir reparaciones por parte de Rusia.
Como era de esperar teniendo en cuenta que los activos rusos siempre han sido vistos como una forma de financiación de la guerra y no de la paz, ni Kiev ni las capitales europeas han aceptado la idea estadounidense de su uso para la reconstrucción de Ucrania. Inmovilizados hasta que la Unión Europea decida que Rusia no supone un peligro militar, político o económico, los activos rusos han dejado de ser parte de la negociación. En paralelo, y sin necesidad de ganar la guerra, prerrequisito habitual para imponer las condiciones de paz, Ucrania ha aumentado el volumen de sus exigencias de obtener reparaciones por parte de Rusia. “Nos interesa que Rusia nos dé el dinero, y que sea en concepto de reparaciones. Para nosotros, lo importante es recibir el dinero para reconstruir nuestro Estado”, escribió Zelensky después de exigir a sus aliados hacer todo lo posible por eliminar del plan de paz los 100.000 millones de dólares de dinero ruso que la propuesta de Witkoff preveía para la reconstrucción de Ucrania. Sigue leyendo
IntroducciónTras el segundo acuerdo de Minsk, en el periodo de transición marcado por la ilusión de paz previa a la guerra a gran escala, Serhiy Sternenko llega a convertirse en uno de los activistas más conocidos de la Ucrania post-Maidán. Exlíder de la célula de Odessa del grupo ultranacionalista Praviy Sektor entre 2014 y 2017, se consolida a partir de entonces como una de las figuras más mediáticas en la política y en la sociedad civil ucraniana, actuando como bloguero, influencer y recaudador de fondos militares.
Pero Sternenko sigue siendo también ese personaje oscuro a quien es imposible desvincular de su historia próxima al submundo de los negocios sucios y de los grupos mafiosos y violentos. Autor del apuñalamiento mortal a un hombre ya indefenso que, en su agonía, era grabado con la cámara de un portátil por su pareja, Natalia Usatenko, ha sido acusado ante los tribunales de recibir ingresos del narcotráfico (2014), de secuestro, tortura y extorsión de un político local de Odessa (caso Sherbych en 2015), de alteración del orden público en un contexto relacionado con el control de los ingresos del narcotráfico (2017) y del asesinato de un hombre desarmado que además ya había tratado de huir, Ivan Kuznetsov (2018). Y, aunque nunca ha cumplido pena de cárcel, en alguna fase del procedimiento judicial ha sido condenado por alguno de esos cargos.
En la dimensión política, lo más relevante del caso Sternenko es su afirmación como referente esencial de la parte del nacionalismo ucraniano más claramente vinculada a la defensa del proyecto y de los valores liberales de la Unión Europea en Ucrania, todo aquello que implica un compromiso firme con la integración europea y euroatlántica, la democracia -que nunca incluye a la oposición no nacionalista, rápidamente calificada de prorrusa y, por lo tanto, inaceptable-, la liberalización económica y comercial y las reformas políticas y de mercado.
Analizar la figura de Sternenko exige estudiar -en varios capítulos- las distintas dinámicas que han permitido a este personaje dudoso y oscuro, transformarse en los años previos a la guerra a gran escala en un héroe del activismo callejero y mediático, una especie de gran guerrero anticorrupción en el seno del movimiento pro-europeo en Ucrania.
Por un lado, la convergencia de Sternenko con algunas de las fuerzas participantes en la acción activista, en particular el grupo Honor, provoca la ruptura del control de la violencia callejera en Kiev por parte de Azov, situando al exlíder del Praviy Sektor en una posición de liderazgo. Por otro lado, la confrontación creciente de algunos movimientos pro-liberales con la nueva administración Zelensky, inicialmente propensa a favorecer la participación en la vida estatal de personajes relevantes durante el periodo Yanukovich, facilitará su confluencia con la dinámica militante de Honor y Sternenko. Estas dos dinámicas, unidas a la vinculación de Sternenko a alguna de las estructuras profundas del Estado ucraniano, tendrán fuertes implicaciones en la reconfiguración de la ideología nacionalista ucraniana, en especial en la consolidación de una visión liquidacionista de toda presencia de influencia rusa, o prorrusa. En este contexto, el caso Sternenko se convierte en uno de los más significativos en la transformación y radicalización de la sociedad nacionalista en Ucrania, tanto antes como después de la invasión rusa de 2022.
El encumbramiento de Sternenko como figura alternativa de la acción activista en Ucrania es el aspecto principal en la carrera política de este militante que, a mediados de la pasada década, era conocido por sus compañeros de acción violenta en Odessa como Beria. Sin embargo, la historia de su participación en la represión del movimiento opositor Antimaidán en Odessa, con los sucesos del 2 de mayo como referencia más simbólica, también aporta luz sobre los orígenes de la guerra en Ucrania, en especial en su dimensión más propiamente de combate entre fuerzas que se enfrentan en un terreno con grandes componentes de conflicto civil interno. Lo mismo puede decirse del papel que llegará a desempeñar Sternenko en el periodo de la guerra a gran escala en donde, lejos del frente, se convierte en un exitoso recaudador de fondos para dotar de material, en particular de drones, al ejército de Ucrania. Se trata de cuestiones previas y posteriores a su encumbramiento como héroe nacionalista liberal que merecerían sin duda una aproximación específica.
En declaraciones a la BBC, Sternenko señalaba en 2020 no tener ambiciones políticas. No obstante, los procesos judiciales en su contra aumentaron su visibilidad y popularidad y facilitaron su fulgurante acceso a la fama como bloguero y activista. En el periodo previo a la guerra a gran escala esta circunstancia no sólo allanaba el camino para una posible futura carrera política, sino que convertía a Sternenko en referente principal de una fuerza de reacción callejera a favor de las tesis dominantes entre las fuerzas nacionalistas ucranianas.
En Kiev, entre 2019 y 2022 la salida a la palestra de Honor, liderada por Serhiy Filimonov como fuerza desgajada del movimiento Azov, resulta decisiva para consolidar el proceso. En este sentido, Honor se perfila en gran medida a partir de la imputación de Sternenko como grupo de apoyo al activista de Odessa, aunque la convergencia de intereses es anterior, bien visible ya a lo largo de 2019.
Después de la muerte de Ivan Kuznetsov en la noche del 23 al 24 de mayo de 2018, con su agonía grabada y emitida en directo por Serhiy Sternenko y Natalia Usatenko en lo que Beria ve un acto de legítima defensa y la familia de Kuznetsov un asesinato premeditado (la única arma presente fue la navaja de Sternenko), la posición del antiguo líder del Praviy Sektor en Odessa empieza a complicarse en esa ciudad. A pesar de convertirse en la base para la actuación parapolicial contra la oposición en la zona, apoyado por algunas estructuras del Estado, el grupo de Beria nunca llegó a contar con los suficientes seguidores como para convertirse en fuerzas políticas activistas o políticas con capacidad de control del poder en Odessa. De hecho, la relación entre el Praviy Sektor y Sternenko se complica y abandona el movimiento en 2017 (según Volodymyr Boiko habría sido en realidad expulsado de la organización por intentar obtener, sin participar en la guerra del Donbass, un certificado de participación en la operación ATO). Beria funda justo con posterioridad la ONG Nebayduzhi, recoge Peter Korotaev en su blog Events in Ukraine, en paralelo a la solicitud de incorporación al consejo cívico de la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU), una de las instituciones anticorrupción creadas por y para Occidente y que actualmente acechan al entorno de Zelensky.
Entre 2017 y 2018, la fama de Sternenko empieza a crecer fuera de Odessa. Es un momento en el que las acciones judiciales contra él por su participación en acciones violentas o delictivas en esa ciudad progresan, una dinámica de la que el antiguo militante del Praviy Sektor acusa al alcalde de la ciudad, Gennady Trujanov -a quien Zelensky ha retirado este año la nacionalidad y la alcaldía-, y a la policía (más concretamente, al entonces ministro del Interior Arsen Avakov). El hecho de que sea llevado a juicio varias veces y sufra hasta tres ataques en seis meses a lo largo de 2018 acrecienta su fama, aunque no precisamente en Odessa donde muchos, incluso entre los hooligans del fútbol, le acusan de hipocresía en la relación con sus antiguos camaradas y conexión con el mundo de las drogas.
Además, en 2019, la Fiscalía General de Ucrania asume el control del caso de los ataques contra Sternenko, dado que entre los sospechosos podrían figurar agentes de la policía de Odessa con vínculos con los atacantes, lo que supone el traslado a Kiev de las actuaciones. Es una medida que Sternenko agradece expresamente “a los diputados Ihor Lutsenko, Andriy Denisenko, Volodymyr Parasyuk, Andriy Biletsky, Yegor Sobolev, Andriy Illienko, Mustafa Nayem, Ihor Guz, Yuriy Bereg, Oksana Korchynska y muchos otros por su apoyo y su petición a la Fiscalía General sobre la necesidad de transferir la investigación a un organismo independiente de Odessa, donde existe desde hace tiempo un claro conflicto de intereses entre los jefes de las fuerzas del orden y yo”. El traslado de sus casos fuera de la ciudad y los apoyos crecientes que recibe en la capital llevan a Sternenko a refugiarse en Kiev en 2019. Ahí se convierte en un bloguero influyente y en un activista crítico, habitualmente enfrentado -desde posiciones ultranacionalistas y antirrusas- con los gobiernos de turno, tanto al de Poroshenko como especialmente al de Zelensky. Aunque, en ambos casos, con un elemento en común: los ataques específicamente dirigidos contra el liderazgo del Ministerio del Interior de Arsen Avakov, considerado por entonces como el principal patrono del movimiento Azov.
Como señala Ukrainska Pravda, Beria se involucra cada vez más en las acciones de dimensión nacional de los grupos liberales en Ucrania contra el responsable del Ministerio del Interior, Arsen Avakov y a favor del movimiento que exige castigo para los asesinos de la activista de Jerson, Katya Handziuk. En 2019, Sternenko se convierte además en uno de los organizadores de la campaña “Avakov es el Diablo”, dirigida contra el entonces Ministro del Interior, Avakov.
Una serie de acontecimientos en ese periodo, en particular los juicios por los casos Sherbych [un caso de 2015 marcado por el secuestro y extorsión de este político local, vinculado al partido Rodina, por un grupo con participación de Sternenko] y Kuznetsov le permitirán situarse como uno de los principales protagonistas de la acción de las fuerzas nacionalistas y antirrusas en la Ucrania inmediatamente anterior a la guerra a gran escala.
En paralelo a la llegada de Sternenko a Kiev, enmarcados sus miembros en origen en la acción de los grupos del movimiento Azov, en particular del Cuerpo Civil y del Corpus Nacional, entre finales de 2018 y principios de 2019, el grupo Honor de Serhiy Filimonov se independiza de forma progresiva del bloque de Biletsky en lo que constituye uno de los episodios más significativos de ruptura interna en el movimiento Azov antes de la invasión rusa. El origen del proceso hay que buscarlo en los conflictos de poder y de control dentro del Corpus Nacional, en particular en la lucha con Sergei Korotkij (Botsman), un neonazi de origen bielorruso llegado de Rusia entonces vinculado al movimiento Azov, por el control de las acciones civiles del movimiento, en particular en el marco del conflicto por la reserva natural de Protasiv Yar.
La convergencia de intereses entre Sternenko y Honor, el grupo de Filimonov, se hace visible a lo largo del año 2019 con la participación conjunta en distintas movilizaciones. Aunque no exclusivo, el objetivo central de estas movilizaciones es profundizar en la exclusión política de las personas más representativas del mundo considerado prorruso, calificativo utilizado como arma para deslegitimar a cualquier contrario.
En esta línea, un ejemplo de las acciones en la que se visibiliza la acción conjunta de Sternenko y de Honor es la del 2 de julio de 2019 en la que, bajo el lema de “No más tolerancia” cientos de activistas se congregan en la Plaza de la Independencia de Kiev para protestar contra la decisión de la Comisión Electoral Central de inscribir al bloguero Anatoly Shariy y al exjefe de la Administración Presidencial de Viktor Yanukovych, Andriy Klyuyev, como candidatos a diputados del pueblo en las elecciones anticipadas a la Rada Suprema del 21 de julio. Además, los activistas convocaban a la ciudadanía a acudir al Tribunal Constitucional el 4 de julio para apoyar la legalidad de la ley de lustración/depuración de funcionarios vinculados al régimen comunista.
En la acción, según un artículo de Radio Svoboda y otro de Canal24, los activistas dicen protestar contra la «venganza prorrusa«, portando carteles con lemas como «No podemos tolerar esto más«, «Los separatistas no tienen cabida en la Rada«, «Estamos hartos de esta mierda«, “Portnov, tu juicio llegará pronto”. Y aparece un rasgo esencial en la visión Sternenko-Filimonov de la movilización que impulsarán hasta 2022: la uniformización activista. Así, para reforzar el papel de la sociedad civil, se prohíbe la presencia en el acto de banderas o imágenes de partido. La sociedad civil nacionalista ucraniana debe presentarse unida a juicio del nuevo movimiento Honor-Sternenko.
Campaña “No más tolerancia” en Kiev- con Sternenko y Filimonov (2º y3º por la izquierda)
El día siguiente, Sternenko hace el siguiente balance del acto en su Instagram: “Ya no lo soportamos. Ayer fuimos a protestar. Fue una protesta generalizada. Estamos hartos de las gentes sin escrúpulos, de Medvedchuk con sus canales de televisión y de la total falta de justicia. Nos reunimos para escucharnos y sentirnos conectados. Para decirnos: «Estamos listos y no lo toleraremos». Y así será. Si el nuevo gobierno no saca sus propias conclusiones, tendrá que desaparecer. Junto con los Portnov, Shariy, Klyuyev, Avakov. Porque ya no lo soportamos”.
La mención a Medvedchuk muestra, en particular, el interés de los activistas por las acciones dirigidas a liquidar su imperio mediático. Sin embargo, no hay que olvidar que, por aquel entonces, el partido de Medvedchuk lideraba las encuestas de intención de voto para las futuras elecciones legislativas. El intento de Maidán de eliminar de la vida política a cualquier partido considerado “prorruso” corría el riesgo de fracasar. La presión nacionalista fue una parte de la actuación del Estado contra Medvedchuk, finalmente entregado a Rusia como prisionero de una guerra en la que no había participado.
Las acciones de Sternenko y Honor representan un ataque directo a personalidades consideradas prorrusas, pero también se extienden a algunas personas cercanas a Zelensky en las fases iniciales de su primer mandato. Destaca en particular la estrategia explícita de destrucción del poder de las estructuras de Avakov, una cuestión que implicaba el enfrentamiento al movimiento Azov dirigido por Andriy Biletsky.
La confrontación con Avakov constituye, de hecho, un rasgo esencial en la posición militante de Sternenko quien, desde 2014, se convierte en Odessa en uno de los críticos más activos de la dirección del Ministerio del Interior. En mítines y ruedas de prensa, denuncia las acciones de la policía local contra los activistas, la falta de reformas a favor en su favor y las detenciones que consideraba políticas, como en el caso del asesinato de Oles Buzina, con manifestaciones en contra de Avakov por el caso todavía en 2015, con participación conjunta (también aquí) en alguna ocasión con miembros del cuerpo civil de Azov.
La línea anti-Avakov se plasma en distintas acciones en este periodo de confluencia entre Sternenko y Honor. El 6 de febrero de 2019, por ejemplo, representantes de Honor, Filimonov a la cabeza, protagonizan una acción frente a la residencia de Avakov en Italia. Cuelgan retratos de figuras públicas y periodistas asesinados y golpeados en la valla que rodea la villa, sin que los autores intelectuales y organizadores de dichos ataques y asesinatos hubieran sido todavía identificados.
Tras la acción, varios de los participantes empezaron a tener problemas para entrar en países de la Unión Europea. En relación con ello, el 13 de septiembre de 2019 Sternenko publica un post en su Telegram en el que acusa a Avakov, entonces todavía ministro del Interior, de estar utilizando los acuerdos intergubernamentales internacionales entre policías para impedir el libre movimiento de opositores. Menciona que la denegación de entrada a la UE a Nazariy Kravchenko es el tercer caso conocido después de los casos de Serhiy Filimonov y Oleksandr Rudomanov a los que también se les denegó injustificadamente, según Sternenko, la entrada a los países del espacio Schengen.
En todo caso, la propuesta más llamativa de cristalización de la acción conjunta Honor-Sternenko en 2019 es la de creación en noviembre de ese año, rápidamente frustrada en este caso por el sistema político, de la denominada Academia de la Protesta Callejera.
En un post en Facebook en octubre, Honor adelantaba que su movimiento “lleva mucho tiempo pensando en cómo transferir las habilidades de organización de acciones callejeras a quienes estén dispuestos a unirse a nosotros u organizar sus eventos en la capital y otras ciudades, defendiendo la justicia y el derecho a expresar su postura”. De esta forma, las funciones de la Academia se concretarían en transferir las habilidades adquiridas en la organización de acciones callejeras y hacer realidad “el poder de la democracia” en las calles frente a la represión del Estado, aunque más claramente como mecanismo de reclutamiento interno y, como diría más ingenuamente Igor Malyar, como vía para consolidarse como “especialistas en este negocio” de la protesta callejera.
Entre los panelistas en el acto de presentación de la Academia, desarrollado en instalaciones propiedad de la activista Alisa Chirva, destacan, además de Sternenko y Filimonov, Maryna Jromykh y Oleksiy Kovzhun.
En esta fase de la historia de Honor se observa una extensión exterior de su acción, con participación de Filimonov y parte de su grupo, en particular Igor Malyar, en las revueltas antichinas de Hong Kong o en el conflicto con los chalecos amarillos en Francia. También están presentes en Barcelona durante el periodo del procés catalán.
A un mes de que se cumpla el cuarto año de guerra entre Rusia y Ucrania y casi doce desde la victoria de Maidan, que dio lugar a los enfrentamientos que llevaron al conflicto de Donbass, 2025 ha dejado una mezcla de escalada y diplomacia intercaladas entre sí sin que exista aún ninguna certeza sobre qué dirección tomará en estos momentos que parecen decisivos. En unos días se cumplirán doce meses desde la toma de posesión de Donald Trump, que llegó al poder con la confianza de quien sobreestima su poder, su capacidad de controlar los acontecimientos y no conoce que la diplomacia es diferente cuando no se puede permitir usar la fuerza masiva contra su oponente.
El cambio que se ha producido en Estados Unidos ha marcado el año, ya que todas las partes han tenido que acomodarse a la retórica de paz del hombre que ha bombardeado al menos cinco países -Irán, Siria, Yemen, Somalia y Nigeria- además de las aguas internacionales del Caribe y el Pacífico. El final de la era Biden presagiaba un cambio fuera quien fuera la persona que alcanzara el poder en Estados Unidos, ya que se agotaban las posibilidades de Washington de continuar ofreciendo asistencia militar y económica eterna a Ucrania y no se esperaba de Kamala Harris el compromiso personal a favor de Ucrania que Biden mostró en su etapa de presidente y vicepresidente. El giro retórico hacia la paz se inició antes de la victoria de Trump, cuando su retorno parecía una posibilidad cada vez menos remota. Zelensky publicó su Plan de Victoria, una lista de actuaciones que sus aliados debían cumplir para obligar a Rusia a la paz, una paz entendida como la victoria de Ucrania, pero que permitía al presidente ucraniano una apertura para modelar su discurso ante las exigencias pacifistas de Donald Trump. Sigue leyendo
La tan esperada reunión Trump-Zelensky en la villa del presidente estadounidense en Florida comenzó horas antes de la convocatoria oficial, la una del mediodía, cuando los dos dirigentes se encontraron en Mar-a-lago ante la prensa internacional. Como ocurriera hace unos meses, cuando Zelensky esperaba ratificar públicamente el acuerdo de entrega de Tomahawks estadounidenses a Ucrania, Donald Trump inició el día con una conversación con Vladimir Putin. En aquella ocasión, es posible que los argumentos del presidente ruso fueran un factor para el cambio de opinión de Trump, que rechazó finalmente enviar a Ucrania los deseados misiles norteamericanos con los que atacar con más potencia la retaguardia rusa.
“Acabo de mantener una conversación telefónica buena y muy productiva con el presidente Putin de Rusia”, anunció Donald Trump en un post en su red social personal sin dar más datos que la hora de inicio de la reunión con Zelensky. Sin embargo, el hecho de que el mediador político del conflicto, Estados Unidos, buscara hablar con los dos presidentes el día en el que Ucrania buscaba cerrar su parte del acuerdo con Washington es, en sí, un dato relevante. Quizá lo sea aún más teniendo en cuenta que, según el asesor de política exterior de Vladimir Putin, Yuri Ushakov, la conversación se produjo a iniciativa de la Casa Blanca. Sigue leyendo
Aunque los conflictos no entienden de fechas señaladas ni cambian cuando lo hacen las estaciones o los años, diciembre es tradicionalmente un mes de valoración de lo ocurrido en los últimos doce meses, planteamiento de objetivos y estrategias y muestra de expectativas alrededor de los principales temas de la agenda. Horas antes de que Voloydymyr Zelensky se reuniera con Donald Trump en su campo de golf de Palm Springs, una entrevista concedida por Sergey Lavrov a la agencia pública TASS puede considerarse la valoración rusa del año en materia de política exterior. Como es natural tanto por la cantidad de recursos que Rusia ha dedicado durante los últimos casi cuatro años, y también por el momento clave en el que se encuentran las negociaciones, Ucrania es una parte importante del discurso de Lavrov que, sin embargo, realiza un repaso relevante al estado de las relaciones internacionales del momento desde el punto de vista de uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y una de las principales potencias nucleares.
Como casi todo hoy en día, la narrativa rusa parte del intento de conseguir una mejor relación con Estados Unidos, concretamente con su presidente. “Agradecemos los esfuerzos del presidente estadounidense Donald Trump y su equipo por alcanzar una solución pacífica. Nuestro objetivo es seguir colaborando con los negociadores estadounidenses para desarrollar acuerdos sostenibles que eliminen las causas fundamentales del conflicto”, afirma Lavrov. Tras tres años de ausencia de diálogo con Occidente, el proceso de negociación entre Estados Unidos, Ucrania y Rusia ha sido el principal cambio de 2025, que también ha traído un progresivo desequilibrio en la correlación de fuerzas militares a favor de Moscú que finalmente se ha plasmado en las exigencias territoriales rusas de retirada ucraniana de Donbass que Zelensky rechazó nuevamente ayer en su reunión con Trump. Desde el punto de vista ruso, la guerra cuenta con una dinámica clara en la que sus tropas serán capaces de obtener por la vía militar aquello que hasta ahora han exigido por la vía política. “Observamos que el régimen de Zelensky y sus proyectores europeos no están preparados para negociaciones constructivas”, comentó Lavrov en la entrevista para apuntar a la parte que Moscú considera que está saboteando las opciones de acuerdo. “Casi toda Europa, con pocas excepciones, está inyectando dinero y armas al régimen, soñando con el colapso de la economía rusa bajo la presión de las sanciones. Tras el cambio de administración en Estados Unidos, Europa y la Unión Europea se han convertido en el principal obstáculo para la paz. No ocultan sus planes de prepararse para la guerra con Rusia”, añadió para insistir en que Rusia no busca confrontación con los países europeos, pero ofrecería una respuesta “devastadora” ante cualquier ataque. Sigue leyendo
Volodymyr Zelensky viajó ayer a Estados Unidos para reunirse hoy con el presidente Donald Trump en el que se prevé como el encuentro más importante para determinar qué tipo de acuerdo pueden alcanzar Kiev y Washington, pero, sobre todo, si ese entendimiento puede ser compatible con las condiciones que Rusia está dispuesta a aceptar para poner fin a la guerra. “Creo que irá bien con él. Creo que irá bien con Putin”, alegó Donald Trump, aún optimista casi un año después de iniciar una negociación que erróneamente consideró que sería sencilla, rápida y basada únicamente en su buena relación personal con el presidente ruso. Ucrania llega a la reunión con fuertes exigencias y declaraciones de demandas a su enemigo ruso, a quien acusa de no aceptar un acuerdo que ni siquiera está diseñado completamente, y a su aliado, a quien siempre le pide más. Zelensky “no tiene nada hasta que yo lo apruebe”, afirmó Trump mostrando ciertas molestias con la actitud del presidente ucraniano, que esta semana ha publicado su plan dando a entender que se trataba de una propuesta conjunta ya aprobada por la Casa Blanca.
El viaje de Zelensky a Estados Unidos responde a la necesidad de concretar esos últimos puntos en los que la opinión de Bankova y de la Casa Blanca no coincide todavía. Como escribió ayer el presidente ucraniano, el tema de la reunión no se limitará a la cuestión más importante, las garantías de seguridad, sino que incluirá, al menos si Zelensky es capaz de imponer la agenda, las dos líneas rojas que repitió ayer: Donetsk y la central nuclear de Energodar, cuyo control espera obtener en la negociación. Como la central nuclear más grande de Europa, las instalaciones nucleares de Energodar, bajo control ruso desde marzo de 2022, siempre han sido un foco principal para Ucrania, pero su importancia aumenta actualmente teniendo en cuenta el nivel de destrucción que están sufriendo las infraestructuras de producción eléctrica. Ayer mismo, el ataque con misiles y drones rusos en Kiev -donde fueron alcanzados objetivos energéticos, industriales y también un edificio de pisos- y otras ciudades ucranianas, volvió a dejar sin luz ni calefacción a miles de familias en Ucrania en esta guerra energética que Kiev y Moscú luchan prácticamente a diario. Horas antes, Ucrania había utilizado sus Storm Shadows para atacar una refinería de petróleo en el sur de Rusia. Sigue leyendo
Ayer, tras varias semanas en las que se anunciaban avances, las tropas rusas mostraron imágenes de uno de sus soldados retirando la bandera azul y amarilla de Ucrania y cubriendo con la del Primer Batallón de la 106ª Brigada de Defensa Territorial del ejército ruso el principal monumento de la ciudad de Guliaipole. La estatua conmemora a una de las principales figuras históricas, Nestor Majnó, en la que era su ciudad natal y que fue su capital durante la insurrección anarquista que se produjo durante la guerra civil rusa. Ayer, incluso los medios ucranianos admitían que, posiblemente por primera vez, las tropas rusas habían capturado intacto un cuartel general ucraniano. Los medios afines a Kiev achacaban al abandono de los altos mandos el aparente colapso de este sector del frente. Las imágenes eran inequívocas y muestran claramente a las tropas rusas paseando tranquilamente por la plaza central de la destruida ciudad, sin que pudiera detectarse ninguna resistencia por parte de Ucrania.
Presencia no significa automáticamente control y las retiradas no necesariamente implican una derrota definitiva -como muestra la recuperación ucraniana de Kupyansk-, pero el avance ruso es claro y se ha producido de forma muy rápida en un sector en el que durante los tres años anteriores no había sido posible ningún progreso. En ese sentido, la situación es similar a la de Seversk, cuya pérdida ha sido finalmente anunciada por Ucrania, que ha utilizado la excusa del mal tiempo para evitar admitir que sus tropas están siendo superadas por las rusas en el frente clave de estos momentos de la guerra, el de Donbass. Aunque situada en Zaporozhie, la ciudad de Guliaipole puede considerarse parte de frente del oeste de Donetsk, donde las fuerzas rusas han puesto en evidencia las dificultades ucranianas para tapar los agujeros dejados por las pérdidas y las dificultades de movilización, un argumento para quienes defienden la necesidad de buscar un alto el fuego que evite más pérdidas. Sigue leyendo
Fracaso, colapso y aislamiento han sido algunos de los términos utilizados estos años por medios y autoridades políticas para describir el estado de la economía rusa, generalmente al margen de la realidad. No han conseguido el objetivo del colapso ruso los 19 paquetes de sanciones impuestos por la Unión Europea, la expulsión del sistema de pago internacional Swift, el cierre del mercado europeo, el veto a las dos grandes productoras de petróleo -Rosneft y Lukoil- y la amenaza de sanciones secundarias a aquellos países o empresas que sigan comerciando con sectores estratégicos rusos, fundamentalmente el energético, competidor que Estados Unidos está intentando derrotar escudándose en la guerra. No es cierto que Rusia haya transformado su sistema en una economía de guerra, como no lo es tampoco que no haya habido consecuencias -inflación, recalentamiento de la economía, recortes en otros ámbitos para potenciar la industria militar, etc.-, pero es posible que el mayor espejismo que se ha producido estos años es la falacia del aislamiento ruso.
Más interconectado que nunca, el mundo actual ofrece tanto facilidades como dificultades a la hora de realizar bloqueos, imponer sanciones y aislar países. La dependencia del dólar y la interconexión del comercio y especialmente de los servicios financieros pueden ejercer de barrera para impedir el acceso de determinados países a bienes o productos imprescindibles para el funcionamiento normal de la economía. La desconexión de los bancos rusos del sistema Swift, anunciada inmediatamente después de la invasión de Ucrania, debía ser esa opción nuclear que hiciera imposible el normal funcionamiento de la economía de la Federación Rusa, que no podría compensar las pérdidas derivadas de la falta de acceso a determinados mercados. Sin embargo, la conectividad y la incapacidad de los países occidentales de ejercer el poder blando que antaño abriera la posibilidad de imponer sus decisiones a todo el mundo ofrece facilidades para esquivar esas sanciones y lograr vías alternativas para la obtención de productos o componentes deseados. Sigue leyendo
El martes, en uno de sus muchos mensajes a la nación, Volodymyr Zelensky recordó el cambio que se ha producido en los últimos años como herramienta de acercamiento a la familia occidental, la celebración de la “navidad de verdad” según el calendario occidental y no el ortodoxo. Para enfado del papa León XIV, que ayer condenó la medida, las fechas no han acarreado un alto el fuego, rechazado por Rusia ante lo vacío de una tregua que no implica avanzar hacia una resolución y únicamente favorece a la parte que se encuentra a la defensiva. El cambio de las fechas en las que la población ucraniana ha de celebrar las fiestas no ha supuesto tampoco un alto el fuego en el frente informativo. En su discurso de ayer, el presidente ucraniano calificó a la población rusa como “personas sin dios” y que no tienen “nada en común con el cristianismo o cualquier cosa humana”. Sin mencionar el nombre de la persona a la que se refería, el presidente ucraniano afirmó que todos comparten un deseo, “que muera”. Horas antes y exigiendo una respuesta rápida de Moscú, Zelensky había dado a conocer el plan de 20 puntos con el que Ucrania está dispuesta a poner fin a la guerra. Pese a lo cuestionable de algunos puntos, especialmente el relativo al control de la central nuclear de Zaporozhie, pendiente de la continuación de las negociaciones con Washington, el presidente ucraniano alega que se trata del plan acordado por Kiev y Washington. Sin embargo, el contenido de los puntos publicados por las autoridades ucranianas deja claro que se trata de una operación mediática con la que Ucrania aspira a presionar tanto a su aliado estadounidense como a su oponente ruso en busca de un acuerdo más favorable para Kiev.
Como no podía ser de otra manera teniendo en cuenta la dependencia absoluta de Ucrania con respecto a sus aliados y proveedores de armas, que anula la capacidad de Kiev de decir no a Londres, París, Berlín y, sobre todo, Washington, el plan que el equipo de Zelensky negocia con el de Witkoff y que publicó ayer -previsiblemente de forma anticipada y sin coordinación con Washington- está basado en la propuesta de 28 puntos filtrada a la prensa hace unas semanas. Desde entonces, Zelensky ha realizado tres giras por la Unión Europea en busca de apoyo de su electorado más incondicional, jefes de Estado y de Gobierno occidentales, y ha ejercido de grupo de presión en busca de la actuación rápida para eliminar de la mesa de negociación el uso de los activos rusos retenidos en la UE. La ausencia de acuerdo ha impedido que la inmovilización definitiva de esos fondos suponga su puesta en manos de Ucrania para uso bélico, pero ha eliminado el peligro de que fueran utilizados para la reconstrucción a modo de reparaciones de guerra, ha dado a la UE la sensación de fuerza e impresión de tener algo que decir en la negociación y ha puesto a Kiev en una ligeramente mejor posición negociadora.
A) Si Rusia invade Ucrania, se lanzará una respuesta militar coordinada y se restablecerán todas las sanciones globales contra Rusia.
B) Si Ucrania invade Rusia o abre fuego contra territorio ruso sin provocación previa, las garantías de seguridad se considerarán nulas. Si Rusia abre fuego contra Ucrania, entrarán en vigor las garantías de seguridad.
C) Estados Unidos recibirá una compensación por proporcionar garantías de seguridad. (Esta disposición ha sido eliminada).
D) Los acuerdos bilaterales de seguridad firmados anteriormente entre Ucrania y unos 30 países seguirán vigentes.
A) Se creará un fondo de desarrollo para invertir en industrias de rápido crecimiento, como la tecnología, los centros de datos y la inteligencia artificial.
B) Estados Unidos y las empresas estadounidenses colaborarán con Ucrania para invertir conjuntamente en la restauración, modernización y explotación de la infraestructura de gas de Ucrania, incluidos los gasoductos e instalaciones de almacenamiento.
C) Se realizarán esfuerzos conjuntos para reconstruir las zonas devastadas por la guerra, centrándose en la restauración y modernización de ciudades y barrios residenciales.
D) Se dará prioridad al desarrollo de infraestructuras.
E) Se ampliará la extracción de minerales y recursos naturales.
F) El Banco Mundial proporcionará un paquete de financiación especial para apoyar la aceleración de estos esfuerzos.
G) Se creará un grupo de trabajo de alto nivel que incluirá el nombramiento de un destacado experto financiero mundial como administrador de la prosperidad para supervisar la aplicación del plan estratégico de recuperación y la prosperidad futura.
A) Determinar los movimientos de tropas necesarios para poner fin a la guerra y establecer posibles «zonas económicas libres», con la retirada de las tropas rusas de estas zonas.
B) Rusia debe retirar sus tropas de las zonas ocupadas de las regiones de Dnipropetrovsk, Nikolaev, Sumi y Járkov para que el acuerdo entre en vigor.
C) Se desplegarán fuerzas internacionales a lo largo de la línea del frente para supervisar la aplicación del acuerdo.
D) Las partes acuerdan cumplir las normas y obligaciones impuestas por los Convenios de Ginebra de 1949 y sus protocolos adicionales, incluidos los derechos humanos universales.
A) Intercambio de prisioneros entre todas las partes.
B) Se liberará a todos los civiles detenidos, incluidos menores y presos políticos.
C) Se tomarán medidas para abordar los problemas y aliviar el sufrimiento de las víctimas del conflicto.
“Rusia se está aproximando al impasse estratégico de la guerra”, afirma el general de brigada Andriy Biletsky en su última entrevista, publicada por el servicio de prensa de la Tercera Brigada de Asalto, que cada vez disfruta de más recursos y se aprovecha de la normalización del grupo que se ha producido a lo largo de los últimos años. Las palabras del líder blanco del movimiento Azov se producen en un momento en el que, con la excepción de Kupyansk, un frente en el que Rusia no tiene ningún incentivo para arriesgar en exceso en busca de avances que probablemente fueran a ser revertidos en la negociación, las tropas ucranianas se encuentran a la defensiva y perdiendo territorio. Ayer mismo, el mando ucraniano confirmó lo que era una evidencia hace varias semanas, la pérdida de Seversk y admitió que sus tropas se han replegado de la ciudad. En pocos días, Rusia consiguió lo que no había logrado en tres años, avanzar, irrumpir y capturar la ciudad, un cambio de tendencia en esa sensible zona del frente que apunta a una realidad opuesta a la que señala Biletsky.
El objetivo de sus declaraciones es el mismo que el de Zelensky, insistir en que Ucrania no está perdiendo la guerra y que Rusia no solo no la está ganando, sino que el sueño del colapso del enemigo sigue siendo posible. Confundir a los aliados con que esa narrativa de la propaganda ucraniana es la realidad es la base para exigir posteriormente una mayor aportación de asistencia militar y rechazar cruzar líneas rojas en la negociación aun a riesgo de que la ruptura de las negociaciones condene al país a la continuación de la guerra. Todo en Ucrania parece reducirse a la diferencia entre los presupuestos militares, fácil de solventar con una solución clara, más dinero de sus aliados europeos. “Debemos poner fin a esta guerra con una paz digna para Ucrania. Debemos garantizar la fortaleza de Ucrania en todas las circunstancias: armas, finanzas y apoyo político. Debemos garantizar que la resiliencia de Ucrania, incluyendo nuestro sector energético y nuestras prestaciones sociales, reciba un apoyo fiable. Sigue leyendo
“Durante los últimos tres días en Florida, la delegación ucraniana mantuvo una serie de reuniones productivas y constructivas con socios estadounidenses y europeos”, comienza el comunicado con el que Steve Witkoff informó de sus conversaciones con el equipo que Zelensky envió al campo de golf propiedad del enviado de Trump para continuar negociando la paz. En su comunicado, que el líder de la delegación ucraniana publicó también en su perfil en redes sociales, Witkoff añadía que “Ucrania sigue plenamente comprometida con el objetivo de una paz justa y sostenible”. “Durante los últimos dos días en Florida, el enviado especial ruso Kirill Dmitriev mantuvo reuniones productivas y constructivas con la delegación estadounidense para avanzar en el plan de paz del presidente Trump en Ucrania”, escribió cuatro horas después de publicar el primer post, insistiendo, en un comunicado mucho más breve y que no fue republicado por la delegación rusa, que “Rusia mantiene su pleno compromiso con el logro de la paz en Ucrania. Rusia valora altamente los esfuerzos y el apoyo de Estados Unidos para resolver el conflicto ucraniano y restablecer la seguridad global”.
El mensaje de Witkoff es claro: se está produciendo un trabajo continuado y activo en busca de la paz y las delegaciones de los dos países en guerra confían en la mediación estadounidense y agradecen su trabajo y muestran su compromiso con la paz. Sin ninguna filtración relevante sobre las cuestiones que se trataron ni más información que la ausencia de comunicados triunfalistas sobre los grandes avances que se han producido, las medidas palabras de Witkoff y el silencio de las delegaciones de Rusia y Ucrania pueden indicar un nuevo paso adelante en este extraño proceso de negociaciones, ya que el silencio suele indicar que existe un trabajo que las delegaciones participantes intentan no sabotear. Sigue leyendo
Como ha quedado claro con la publicación del plan de 28 puntos de Estados Unidos, las aspiraciones europeas de modificación, las negociaciones entre Umerov y Witkoff, las repetidas declaraciones ucranianas y la respuesta rusa, las cuestiones clave que determinarán la posibilidad de un acuerdo entre Moscú y Kiev van limitándose cuantitativamente, aunque no necesariamente cualitativamente. A día de hoy, los principales escollos son el estatus de la parte de Donbass que Kiev mantiene, el control de la central nuclear de Energodar, la financiación de la reconstrucción, las aspiraciones atlantistas de Ucrania y el límite de tropas ucranianas que el Gobierno de Kiev y sus aliados europeos están dispuestos a aceptar.
En la cuestión territorial, Zelensky insistió nuevamente ayer en que Ucrania se retirará el equivalente a la distancia que se retire Rusia, un guiño a Minsk que Ucrania sabe que no va a ocurrir. Al contrario que Ucrania, Rusia es consciente de que es capaz de continuar avanzando en Donbass, poniendo a Ucrania en una posición mucho más difícil en el futuro. Ucrania exige también la devolución de la central nuclear de Energodar, que el presidente ucraniano calificó de “nuestra central nuclear de Zaporozhie” para rechazar el término medio que propone Witkoff: control de facto ruso, supervisión estadounidense y reparto el 50% de la energía producida (posiblemente el arreglo más realista que puede darse en las condiciones actuales). Las declaraciones de Zelensky a lo largo de la semana indican que no hay tampoco voluntad de conformarse con las garantías de seguridad platino, similares a lo que ofrecería el Artículo V de la OTAN, que Trump está dispuesto a ofrecer y que Biden negó a Ucrania durante la negociación de Estambul. Sigue leyendo
“La guerra de Rusia contra Ucrania siempre ha sido y es una guerra contra algo más grande que las propias tierras de Ucrania. Y por eso Rusia nunca se conformará con tal o cual parte de nuestro territorio. Si alguien le da algo, no se conformará con nada”, afirmó ayer Volodymyr Zelensky, que añadió que “Putin está prolongando la guerra no solo por nuestro Donbass, quiere apartar a los pueblos de la toma de decisiones sobre el destino de sus países”. Desafiante en sus palabras y en sus actos, Zelensky insiste repetidamente en que “no aceptaremos que nos controle nadie”. Las palabras del presidente ucraniano forman parte de un cuidado discurso formado por dos ideas fundamentales. La primera es presentar la guerra y su continuación hasta conseguir el resultado esperado -que queda claro que no será la victoria, pero que espera que no sea el que se le está ofreciendo actualmente en lo que respecta a la solución territorial- como la lucha de liberación nacional de un Estado que ve amenazada su existencia como ente soberano. La segunda es alegar que Rusia desea mucho más de lo que afirma querer conseguir y que en cada una de sus palabras y de sus actos hay implícita una voluntad de agresión futura, contra Ucrania, contra Europa o contra el mundo.
Más allá del discurso, la soberanía ucraniana está amenazada, no solo en el plano militar, sino también en el económico y político, no necesariamente por Rusia. Ucrania ha comprometido parte de sus recursos a sus aliados occidentales, está dispuesta a hipotecar el país para dejar una parte cada vez más importante del Estado en manos del gran capital occidental y pierde población en cantidades preocupantes. Sin embargo, ninguno de esos aspectos se tiene en cuenta y la narrativa de Zelensky se limita a repetir hasta la saciedad que Moscú trata de destruir, no solo el Estado, sino la nación ucraniana. Aunque la pérdida de territorios es notable, -alrededor del 20% del segundo país más grande del continente-, lo que pone en peligro la viabilidad del Estado actualmente es la situación económica, la dependencia del exterior y la guerra, no la posibilidad de que Rusia vaya a capturar todo el territorio o incluso aquel sin el que el país no podría resistir por sí mismo, por ejemplo, la salida al mar Negro en Odessa. Pero la exigencia de cada vez más asistencia requiere para Kiev de una constante amenaza que utilizar ante sus aliados como reclamo para conseguir una mayor cantidad de financiación, armas o presencia política y militar en el país.
La manipulación de los hechos y de las palabras forma parte del discurso de cualquier guerra y la propaganda es parte integral de la comunicación política de las partes en conflicto. Dar la vuelta a las palabras de Vladimir Putin ha sido una constante de Ucrania y los países occidentales, una práctica que se lleva a su máxima expresión en los momentos en los que la amenaza de la paz comienza a asomar. Las palabras de Zelensky sobre la voluntad rusa de apartar a los pueblos del proceso de toma de decisiones es significativo por el momento en el que se produce. Por una parte, el presidente ucraniano se refiere a Ucrania, cuya soberanía define en términos de capacidad de decidir unilateralmente su adhesión a bloques como la OTAN sin la intervención de terceros países, fundamentalmente Rusia, pero también Estados Unidos que, en el momento actual, ejerce de barrera de contención de unas aspiraciones que Kiev ha convertido en exigencia. En ese sentido, la declaración de Zelensky es un alegato por el derecho de Ucrania a adherirse a un bloque que le ofreció un camino irreversible, que en privado le ha negado esa posibilidad, pero sigue insistiendo en mantener abierta la puerta, aunque solo sea para hacer perdurar el conflicto con Rusia.
Pero las palabras de Zelensky se produjeron poco después de que, en su habitualmente maratoniana rueda de prensa de final de año, Vladimir Putin anunciara la orden de facilitar la participación de la población de los territorios bajo control ruso en unas posibles elecciones ucranianas, cuya celebración ha sido una exigencia rusa que en los últimos tiempos se ha convertido también en la de Donald Trump. Aunque no había duda de que Ucrania tomaría las palabras del presidente ruso como una provocación, una demostración de las malas intenciones del enemigo ruso, la rapidez con la que ha respondido Zelensky es relevante. Es obvio que, pese a la insistencia ucraniana en la despoblación masiva, si no expulsión, que alega que se ha producido en los territorios bajo control ruso, el peso demográfico de las regiones de Zaporozhie, Jersón, Donetsk, Lugansk y Crimea sigue siendo relevante. A diferencia de la población de Jersón y Zaporozhie, considerada a todas luces propia, la de Crimea y Donbass siempre ha sido vista con desprecio y desinterés. Tanto es así que, en 2021, Zelensky recomendó mudarse a Rusia a la población de Donbass y Crimea que se sintiera rusa, una forma sutil de exigir su autoexpulsión del territorio del país. El interés de Ucrania en ambos casos ha sido siempre el territorio, no la población.
Ucrania no dudó en iniciar su operación antiterrorista en 2014, una forma de criminalizar una protesta que era generalizada y reducirla a un pueblo desleal al servicio del enemigo ruso. En estos años, las muestras de interés por el bienestar de hombres, mujeres y menores al otro lado de la línea de separación se ha manifestado en forma de bombardeos de artillería, la interrupción del pago de salarios, pensiones y prestaciones sociales a personas ancianas, discapacitadas o menores vulnerables y una década de insultos. Desde 2014, se han producido en Ucrania dos elecciones presidenciales, legislativas y locales, comicios en los que la posibilidad de voto de la población ucraniana residente en esos territorios nunca fue un factor de interés para Kiev, consciente de que el grueso del voto no iba a ir a ninguna de las grandes candidaturas de los grupos de poder que resultaron victoriosos en Maidan.
En aquel momento, la guerra en el este había sido ya de gran utilidad para crear un ambiente nacionalista que justificara la prohibición del Partido Comunista, de prácticamente toda opción de izquierdas -parlamentaria o no- y la demonización de parte de los partidos considerados prorrusos. Sin embargo, perduraban aún opciones políticas como el partido de Medvedchuk u otros resquicios del Partido de las Regiones, que había tenido en Donbass y Crimea sus principales caladeros de votos. Permitir la participación de la población de los territorios bajo control ruso -e incluso de la parte de Donbass bajo control ucraniano, donde Kiev intentó cancelar las elecciones locales por temor a victorias de partidos prorrusos– era garantía de obtener resultados menos favorables.
Ahora, cuando la exigencia electoral no es solo del enemigo ruso, sino del amigo americano, la situación es mucho más simple. La guerra hizo posible para Zelensky la prohibición de todo tipo de partidos considerados desleales y a los que, de forma justificada o no, acusó de prorrusos. Las formaciones herederas del Partido de las Regiones han sido deslegitimadas, demonizadas o cooptadas y han dejado de ser un factor electoral. El peligro de que la población de Donbass o Crimea pudiera tener relevancia votando a favor de bloques que el establishment ucraniano considerara incómodos es inexistente. Los once años transcurridos desde la victoria de Maidan y las dos guerras que se han vivido en el territorio de Ucrania han eliminado la división que existía entre partidos nacionalistas y prorrusos. Con todos los partidos no nacionalistas o críticos con Maidan prohibidos o eliminados, no existe ninguna opción mínimamente crítica que pudiera minar el statu quo.
La seguridad, el coste y la pregunta de cómo podrían ejercer su derecho al voto la población refugiada en el extranjero, las tropas de servicio o quienes han quedado atrapados al otro lado del frente han sido los argumentos con los que Zelensky ha rechazado hasta ahora celebrar unos comicios que la población no exige y en los que sus perspectivas dependerían del resultado de la guerra. Todas las encuestas publicadas muestran un mismo escenario: no hay deseo de celebrar unas elecciones de forma inmediata, Zelensky mantiene la confianza de la mayoría como presidente de guerra, pero no es la opción electoral con más opciones de disputar la presidencia. El riesgo para Zelensky o para el resto de futuros candidatos no es la población al otro lado del frente, que no contará con ninguna opción política de ruptura, sino el caos de la guerra y el posible malestar de la población por la situación en la que puede quedar el país en un futuro a corto plazo tras un hipotético alto el fuego. Y aun así, Zelensky no ha perdido el tiempo y se ha apresurado a rechazar la solución que Vladimir Putin ha querido dar a la pregunta de qué ocurrirá con el derecho al voto de la población ucraniana bajo control ruso. “No se pueden celebrar elecciones en territorios no controlados por Ucrania, temporalmente ocupados”, afirmó Zelensky, sin ningún pudor a contradecir una de sus exigencias habituales para negar la posibilidad de celebrar comicios. El argumento utilizado también ha sido el más previsible. “Porque está claro cómo se celebrarán, como siempre hace Rusia. Primero habla del resultado, incluso de sus propias elecciones internas, y solo después cuenta los votos”, afirmó Zelensky proclamando ya el fraude electoral de unos comicios que no desea. Como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer, el presidente ucraniano es capaz de condenar que la población de Donbass o Crimea participe en los procesos electorales rusos, exige saber cómo participará en las elecciones ucranianas y niega cualquier posibilidad de que participen alegando preventivamente fraude electoral ruso. Cuando la situación no es favorable, las preguntas se entremezclan con las respuestas, creando un escenario en el que todo son reproches y ninguna opción es aceptable.
“Para nosotros hoy, la decisión de los líderes de la UE de proporcionar un préstamo sin intereses de 90.000 millones de euros a Ucrania es una victoria importante”, escribió ayer a media tarde Volodymyr Zelensky, cuyo equipo tardó horas en diseñar un discurso que consiguiera presentar como victoria un resultado que no pone en sus manos los activos rusos retenidos en la Unión Europea como Kiev llevaba semanas exigiendo. Ucrania ha conseguido la cantidad que buscaba -en realidad un parche temporal para el sostenimiento de un Estado y un ejército que precisan de inyecciones periódicas de cada vez más liquidez para poder seguir luchando contra un enemigo más grande-, pero no ha conseguido la segunda parte de su exigencia, castigar a Rusia. El “préstamo de reparación” ha fracasado y con él la principal iniciativa de Friedrich Merz, principal impulsor de utilizar los activos rusos como garantía de un préstamo que Ucrania no tendría que devolver y que sería utilizado para el sector militar, no para la reconstrucción tal y como se preveía en el plan de 28 puntos original presentado por el trumpismo como base para la negociación.
El halo de esperanza para Ucrania no es solo la cantidad de financiación que le promete la Unión Europea, que acudiendo al mercado de capital se hace responsable del sostenimiento de su nueva colonia, sino en que los activos rusos hayan quedado inmovilizados a largo plazo, lo que ha hecho que desaparezcan incluso de las propuestas estadounidenses. Según The Telegraph, los 100.000 millones de los fondos rusos que Washington esperaba destinar a la reconstrucción de Ucrania junto a otros 100.000 que aportaría la UE ya no forman parte de la negociación. Ese es el principal éxito de Zelensky, von der Leyen y Kallas esta semana, eliminar uno de los pocos alicientes que Rusia tenía para aceptar el plan de paz y eliminar de un plumazo una cantidad nada desdeñable que Ucrania iba a poder utilizar para su reconstrucción. La guerra es más importante que la reconstrucción y hay que olvidar el futuro para centrarse en el presente. Sigue leyendo
“Putin no quiere acabar esta guerra, pero creo que el presidente Trump puede hacerlo”, afirmó ayer Volodymyr Zelensky. Signo de que el proceso de negociación para lograr una resolución diplomática a la guerra se encuentra en un potencial punto de inflexión, el presidente ucraniano pronunció esas palabras en su cuarta visita a la Unión Europea desde el 1 de diciembre. El objetivo de este viaje, segundo esta semana tras su presencia en Berlín para la negociación política con Steve Witkoff bajo la tutela del canciller Merz, era apoyar la iniciativa de la Unión Europea de garantizar dos años más de financiación para Ucrania. “Tenemos un objetivo final: la paz para Ucrania a través de la fuerza. Y para ello es esencial cubrir las necesidades financieras de Ucrania para 2026-27. Hay dos propuestas sobre la mesa. Acordamos que hoy encontraremos una solución”, afirmó a su llegada Úrsula von der Leyen proclamando, en realidad, la paz a través de la guerra eterna. Un conflicto sin fin que, según el presidente Zelensky, solo Trump puede detener, pero ha de hacerlo dentro del cada vez más estrecho margen que dejan las exigencias de Ucrania y la Unión Europea que, incapaces de lograr la victoria militar ni de presentar un plan de paz, buscan hacer efectivo su poder de veto por la vía económica y elevando sus exigencias políticas. Para disgusto de Kallas, von der Leyen y Merz, el acuerdo alcanzado no cumple con todas las expectativas de apoyar a Ucrania y condenar simultáneamente a Rusia.
El planteamiento de la Comisión Europea es la aplicación práctica de la idea de apoyar a Ucrania mientras sea necesario y hacerlo a costa, si es preciso, de la integridad y supervivencia del propio país y su población. “Queremos usar activos rusos para financiar al ejército ucraniano durante al menos dos años más. No queremos que esta medida prolongue la guerra. Queremos que termine lo antes posible”, escribió en su cuenta oficial el canciller Friedrich Merz, sin ningún temor en caer en la contradicción de buscar dos años más de guerra bajo el argumento de que la UE no busca prolongarla. En línea con el intento de mostrar fortaleza y erigirse como líder de una «Europa» unida, el canciller Merz escribió a altas horas de la noche, cuando von der Leyen y Costa anunciaron el acuerdo, que «El paquete financiero para Ucrania ya está en marcha: Ucrania recibirá un préstamo sin intereses de 90.000 millones de euros, como sugerí. Esto envía una señal clara de Europa a Putin: esta guerra no merecerá la pena. Mantendremos los activos rusos congelados hasta que Rusia haya compensado a Ucrania». Sin miedo a las contradicciones, Merz se jacta ahora de haber liderado la opción que durante todo este tiempo ha criticado. «En mi opinión, debemos utilizar los activos rusos. Llevan una semana inmovilizados, por lo que Rusia no puede acceder a ellos. Deberíamos usarlos con un préstamo para apoyar a Ucrania durante los próximos dos años», había afirmado a la prensa a su llegada a la cumbre. Sigue leyendo
Conscientes de encontrarse en un momento decisivo, los actores que participan de forma directa o indirecta en el conflicto ucraniano trabajan para mejorar su posición negociadora a base de demostrar su fortaleza. El martes, el presidente ucraniano afirmó en un discurso que seguirá desmontado por todo el mundo las mentiras de Vladimir Putin. Como quedó claro la semana pasada, Volodymyr Zelensky pretende utilizar el ejemplo de Kupyansk, que Rusia dio falsamente por capturada hace semanas y donde Syrsky, generalmente conocido por sus flagrantes imprecisiones para dar una imagen más favorable del frente, afirma que Ucrania controla el 90% para alegar que la situación en el plano militar, aunque “complicada”, no es tan mala como se está haciendo ver. La lógica de este esfuerzo mediático-político es intentar que Estados Unidos abandone su exigencia de que Ucrania ceda a Rusia la parte de Donetsk que aún permanece su control y que considera que sería capturada por las tropas rusas en caso de continuación de la guerra. La agresiva estrategia de Volodymyr Zelensky para conseguir que las exigencias estadounidenses se rebajen en lo que respecta al aspecto territorial es convencer a Donald Trump de que todo es mentira, Vladimir Putin inventa los mapas que publican incluso los medios ucranianos, no hay problema de deserciones en las tropas de Kiev y son solo las tropas rusas las que mueren en la guerra. No ha calado en la conciencia del presidente ucraniano que la exigencia estadounidense no se debe únicamente a la certeza de que Kiev va a seguir perdiendo territorio en Donbass y que la siguiente oferta rusa será menos generosa, sino tampoco que la táctica de Washington es ofrecer a Rusia algo sustancial para que Moscú rebaje sus líneas rojas en materia de seguridad, el aspecto prioritario para Ucrania.
El presidente ucraniano, cuyo alto mando ni siquiera se ha molestado en alegar contraataques en una zona tan sensible como Seversk, capturada por Rusia en apenas unos días tras tres años y medio en los que la resistencia ucraniana, ahora colapsada, había impedido cualquier avance, espera que sus palabras en discursos públicos tengan más peso que la información de inteligencia de la que Estados Unidos dispone o la accesible para todo cualquier persona gracias al seguimiento diario que realizan todo tipo de analistas. En esa misión, Zelensky cuenta con el inestimable apoyo de sus aliados habituales, la prensa occidental, dispuesta a confundir sus deseos con el análisis y sus opiniones con la realidad absoluta. “Los estadounidenses afirman que Ucrania está perdiendo y se enfrenta a una derrota aplastante”, escribió Oliver Carroll, incondicional defensor de Ucrania y corresponsal de The Economist, que añadió que “el panorama es mucho más complejo”. El argumento es el mismo que el de Zelensky. “El contraataque en Kupyansk ha demostrado lo que se puede hacer. Rusia también está pagando un precio muy alto”, insistió para, solo entonces, recordar que el “panorama general sigue siendo bastante sombrío”. Sigue leyendo
“Creo que estamos más cerca de lo que hemos estado nunca”, afirmó el lunes por la noche Donald Trump. Nada de lo que está ocurriendo ahora puede sorprender, tampoco que este sea el momento en el que comienzan a producirse avances. Por primera vez desde el inicio de este heterodoxo proceso de diálogos bilaterales en el que se ha tardado meses en llegar a un documento sobre el que basar las negociaciones, es lógico que los únicos avances reales se vislumbren ahora, cuando la mediación estadounidense es un único equipo en contacto con los dos países, que ha dejado de decir a Kiev y Moscú lo que querían oír y que busca llegar a unos planteamientos claros que los dos países puedan valorar, renegociar y aceptar o rechazar y exponerse a consecuencias negativas. El planteamiento estadounidense es que, en caso de rechazo ruso, perdurarían las sanciones y posiblemente aumentaría el flujo de armamento a Ucrania, ya que nadie espera que Washington se desvincule completamente de la guerra de Ucrania, al menos en su faceta de vendedor de armas a los países europeos. En el caso ucraniano, rechazar un acuerdo pondría en riesgo la relación con Estados Unidos, pero, ante todo, implicaría continuar una guerra en la que el aumento de la asistencia militar no se ha traducido en una situación menos precaria para las maltrechas tropas ucranianas, que sufren ahora en zonas del frente en la que hasta hace unas semanas soportaban sin grandes dificultades los ataques rusos.
“Hoy o mañana finalizaremos los documentos, los nuestros. Entonces, creo que Estados Unidos mantendrá consultas con los rusos en los próximos días, y después mantendrá consultas con el presidente de Estados Unidos, y después nuestros equipos se reunirán”, afirmó ayer Zelensky dando por hecho que habrá acuerdo Washington-Kiev y tratando de pasar toda la presión a Moscú. En plena aplicación de lo que podría llamase doctrina Serrano Suñer, todo lo que pueda salir mal a partir de ahora será culpa de Rusia. Aunque no son excesivos los detalles que han trascendido sobre las negociaciones de los países europeos y Ucrania con Steve Witkoff, un empresario sin experiencia diplomática y mínimos -si no nulos- conocimientos sobre Rusia y Ucrania, Zelensky parece satisfecho con el resultado en el ámbito de la seguridad, cree tener completamente bajo control la cuestión de la reconstrucción y se niega a aceptar la realidad en los que respecta al aspecto territorial. Sigue leyendo
“Durante los últimos dos días, las negociaciones entre Ucrania y Estados Unidos han sido constructivas y productivas, con avances significativos. Esperamos alcanzar un acuerdo que nos acerque a la paz. Hay mucho ruido y especulaciones anónimas en los medios ahora mismo. Por favor, no se dejen engañar por rumores ni provocaciones. El equipo estadounidense dirigido por Steve Witkoff y Jared Kushner está trabajando de forma extremadamente constructiva para ayudar a Ucrania a encontrar una vía hacia un acuerdo de paz duradero. El equipo ucraniano está enormemente agradecido al presidente Trump y a su equipo por todos los esfuerzos que están realizando”, escribió ayer Rustem Umerov, líder de la delegación ucraniana que ha negociado durante dos días con Estados Unidos y bajo la protección de Alemania. El mensaje de Umerov, actual presidente del Consejo de Defensa y Seguridad de Ucrania y a quien no le ha perjudicado su aparición en el reciente escándalo de corrupción, resume a la perfección las ideas que la diplomacia ucraniana está repitiendo hasta la saciedad desde que concluyera el primer día de negociación.
Actualmente, cada comunicado sobre una negociación ha de tener un comentario favorable a Donald Trump, por lo que no son de extrañar las loas al equipo negociador de Estados Unidos, especialmente teniendo en cuenta que el yerno del presidente, Jared Kushner, forma parte del elenco de protagonistas que el domingo desembarcaron en Berlín para continuar con una negociación que, según varios medios europeos, ha sido “dura”. Sobre Kushner, Zelensky destacó el domingo la sorpresa positiva que supuso su presencia, ya que, como encargado de las cuestiones económicas, se habría la puerta a negociar esos aspectos tan importantes. En sus halagos, el presidente ucraniano no ahondó en la opinión que su equipo ha tenido siempre de los dos negociadores y de sus posicionamientos en esta negociación, pese a que la voluntad de Kiev de vetar a Witkoff de la misma forma que Moscú vetó a Kellogg ha sido un rumor persistente durante meses. Las palabras de Boris Pistorius en declaraciones a un medio alemán recuerdan que tampoco a las capitales europeas les complace tener que sentarse, como lo hizo Merz el domingo, frente a Steve Witkoff en una mesa de negociación. “Está claro que está lejos de ser la alineación ideal para este tipo de negociaciones. Pero, como se suele decir, solo puedes bailar con quien esté en la pista de baile”, afirmó Pistorius, dejando clara la opinión de los países europeos, pero también su resignación ante lo inevitable de la situación. No son ni Ucrania ni los países europeos quienes seleccionan al equipo negociador, sino Estados Unidos, signo inequívoco de quién ostenta el poder. Sigue leyendo
“Una postura impresionante del líder de la potencia económica indiscutible de Europa. Esperemos que la acción siga a la retórica”, escribió ayer, en referencia al liderazgo alemán en favor de Ucrania, Meaghan Mobbs, habitual propagandista proucraniana e hija de Keith Kellogg, que hace apenas unos días se lamentaba de cómo algunos miembros del equipo negociador han sido excluidos del proceso diplomático. Aunque varios son los nombres que han desaparecido de los titulares, entre ellos Dan Driscoll, apartado aparentemente por Pete Hegseth por restarle protagonismo, tener excesiva presencia y presionar demasiado en busca de un acuerdo rápido, el nombre más relevante es el de Keith Kellogg. Teóricamente enviado de Trump para Ucrania, el general continúa teniendo actividad y hace unos días publicaba imágenes de un acto con veteranos ucranianos. Sin embargo, su ausencia en las negociaciones indica el paso a una fase diferente del extraño e intermitente proceso de paz dirigido por el trumpismo.
El sábado, The Wall Street Journal descubría la pólvora y proclamaba que “Zelensky intenta reescribir el plan de Trump en lugar de rechazarlo”, algo que Ucrania ha dejado abierto desde que se publicó el plan de 28 puntos de Steve Witkoff. A enmendar ese plan se han dedicado las largas negociaciones que Rustem Umerov ha realizado en Florida y para ello llevan dos semanas exigiendo ser incluidos en las conversaciones los líderes de las capitales europeas. Ellos son la esperanza de Zelensky, el establishment europeo, el Demócrata y la parte más intervencionista del mundo trumpista, entre las que destacan personas como Mobbs, cuyo comentario se refería al discurso del sábado de Friedrich Merz en un acto de su partido. Sigue leyendo
Una de las noticias del fin de semana es el viaje de Steve Witkoff -y se cree que también de Jared Kushner- a Europa para tratar de avanzar en el proceso político con el que el trumpismo quiere poner fin a la guerra de Ucrania por medio de su plan de 28 puntos, ahora reducido a 20, que los socios continentales de Zelensky consideran inaceptable. Según Politico, el encuentro entre Zelensky, líderes europeos como Friedrich Merz, Keir Starmer, Emmanuel Macron y el enviado de Trump, tendrá lugar mañana en Berlín. Las capitales europeas han conseguido por fin llamar la atención de Estados Unidos y hacerse imprescindibles en una negociación en la que, al igual que Estados Unidos, buscan fundamentalmente conseguir sus propios objetivos.
“Un punto conflictivo importante en las negociaciones es el destino del territorio del este de Ucrania, que Kiev se niega a ceder tras la ocupación de Moscú. Los líderes europeos se apresuran a reafirmar su relevancia en el proceso, ante la preocupación de que las propuestas de Washington se inclinen hacia Rusia y planteen exigencias a Ucrania que Zelensky no podrá aceptar”, afirma Politico, que prefiere centrarse en la cuestión territorial, obviando que los otros dos grandes temas de la negociación, las garantías de seguridad y el uso de los activos rusos retenidos en Occidente, son igual de problemáticos para los socios europeos de Zelensky. Sigue leyendo
El jueves por la tarde, Vladimir Putin anunciaba la captura de la localidad de Seversk, al norte del oblast de Donetsk, que se ha convertido en el centro del debate político transatlántico al suponer uno de los puntos que encallan la posibilidad de acuerdo entre Estados Unidos y Ucrania por un lado y Estados Unidos y Rusia por otro. Como afirmó ayer Zelensky desde las afueras de otra zona caliente, Kupyansk, la fortaleza militar proyecta fuerza en la negociación, algo esencial en un momento en el que las negociaciones se aproximan a un punto de inflexión que va a determinar si Rusia y Ucrania se dirigen a una resolución -al menos temporal- o si, por el contrario, el fracaso de la mediación estadounidense deriva en una nueva escalada. La imagen de Zelensky en Kupyansk, ciudad que Rusia había afirmado falsamente controlar en su totalidad y donde Ucrania avanza de forma relevante, buscaba ayer dar una buena noticia a su población y desviar la atención de la mucho más importante situación en Seversk.
Al fin y al cabo, todas las versiones del documento que se negocia con Estados Unidos obligarían a Rusia a devolver a Ucrania todos los territorios más allá de Crimea, Jersón, Zaporozhie y Donbass, cuyas fronteras y estatus es uno de los principales motivos de discordia. Cualquier avance ucraniano en Járkov puede utilizarse como propaganda de la fuerza militar ucraniana, pero no va a determinar el sentido de la diplomacia, especialmente mientras Rusia avanza en el frente en disputa, el de Donbass. “Por cada Kupyansk hay un Mirnograd y un Seversk. El contraataque de Ucrania en el norte ha tenido éxito, pero, por decirlo suavemente, la situación no pinta bien en otros lugares”, comentó ayer Oliver Carroll, corresponsal de The Economist, veterano de la información de la guerra de Ucrania desde 2014 y a quien no puede acusarse de basar sus percepciones del frente en los informes rusos. Sigue leyendo
Como prácticamente cada día, también ayer se publicó una nueva versión del plan de paz con el que Estados Unidos pretende lograr de forma rápida el final de la guerra rusoucraniana. Y si hay que acudir a los medios estadounidenses para conocer la versión de Kiev de los documentos, puede hacerse lo propio con los ucranianos para conocer cuáles son las últimas propuestas del equipo negociador de Steve Witkoff y Jared Kushner. Según Zerkalo Nedely, uno de los medios de mayor rigor en Ucrania, la versión más reciente entregada por Estados Unidos a Ucrania -previa a las modificaciones que Kiev y sus aliados europeos tratan de realizar actualmente- es, en esencia, “una nueva versión del Plan de paz de Trump”. “Así que podemos decir sin miedo a equivocarnos que el nuevo es prácticamente el viejo que aún no se había olvidado”. Esta valoración contrasta con los postulados relatados por David Ignatius en The Washington Post que, aunque con la ambigüedad de no dar a conocer qué versión estaba analizando, deja lo suficientemente claro que está refiriéndose a la interpretación del plan deseada por Ucrania y sus socios continentales. La ventaja del medio ucraniano es que, al contrario que el periodista estadounidense, que se basa en lo relatado por sus fuentes, dice disponer de una copia del documento que analiza.
“De las propuestas esenciales no-ucranianas”, afirma ZN.UA, el único de los 28 puntos que ha desaparecido del documento, es el que según The Wall Street Journal había negociado Rustem Umerov, la amnistía general por los actos cometidos durante la guerra, que aquella semana fue percibido como un intento de indultar, no solo crímenes de guerra, sino casos de corrupción. La ausencia únicamente de este punto implica que permanecen en el documento -aunque quizá hayan sido modificados- puntos como los que mencionaban la prohibición de ideologías de odio como el nazismo o los que se referían a aspectos sociales como la oficialidad de la lengua rusa y la eliminación de la persecución de las iglesias ortodoxas vinculadas al patriarcado de Moscú, dos aspectos que los países europeos trataron de demonizar apelando a la soberanía ucraniana. El motivo era el mismo que hacía imposible conceder estatus especial y derechos lingüísticos y culturales a la población de Donbass, la aspiración de centralización social, cultural, política e ideológica de la Ucrania post-Maidan, que dice defender los derechos del pueblo ucraniano pero que siempre limita el sector de población al que se refiere. Sigue leyendo
“Esta semana podría traernos noticias a todos y para poner fin al derramamiento de sangre. Creemos que la paz no tiene alternativa y las preguntas clave son cómo obligar a Rusia a detener las matanzas y qué disuadirá específicamente a Rusia de una tercera invasión”, escribió ayer Volodymyr Zelensky tras un largo mensaje en el que detallaba el resto de la agenda negociadora de la semana. El reto del presidente ucraniano es significativo no tanto por las palabras, sino por lo que significan leyendo su subtexto. La actividad diplomática del líder ucraniano, en su tercera gira de búsqueda de apoyos por la Unión Europea en dos semanas, y su frenética agenda de reuniones de la Coalición de los Dispuestos, que se reunirá hoy por segunda vez esta semana en este formato sin capacidad de decisión, indican que Ucrania no está satisfecha con las negociaciones en Estados Unidos y busca imponer su versión de los hechos en un documento que se parezca más a la reescritura europea de los 28 puntos de Witkoff que al documento original.
El optimismo de Zelensky puede proceder de dos escenarios: una mejora sustancial del documento que está siendo negociado con el equipo negociador de Witkoff o la cercanía de una propuesta que Zelensky es consciente de que Rusia no puede aceptar, lo que volvería a descargar de culpa a Kiev y dirigiría la presión y los reproches contra Moscú. En cualquier caso, el mensaje de Zelensky apunta a dos aspectos. La mención a las matanzas es, sin duda, una referencia al alto el fuego que las capitales europeas exigen a Rusia desde el fallido ultimátum de mayo. La “tercera invasión”, por su parte, se refiere a las garantías de seguridad. Esos dos aspectos son aquellos en los que Ucrania trata de introducir, tanto en su negociación directa con Witkoff como en su diplomacia creativa con los socios europeos, puntos a su favor. Sigue leyendo
“Trágico”. Con esa palabra resumió Michael McFaul, embajador de Estados Unidos en Rusia en tiempos de Obama y durante los últimos años uno de los lobistas de cabecera de Andriy Ermak -con quien creó que grupo de presión Ermak-McFaul en busca de sanciones contra Rusia- la respuesta de Moscú a la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. La respuesta del exdiplomático, ahora profesor de Stanford, se debía a una noticia de Reuters en la que se afirmaba que “el Kremlin dio el domingo la bienvenida a la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Donald Trump y afirmó que coincide en gran medida con las percepciones de Rusia, primera vez que Moscú elogia con tanta efusividad a su antiguo enemigo de la Guerra Fría”. Pese a los titulares y análisis catastrofistas que ha provocado, el comentario de Moscú se debe fundamentalmente a tres factores.
En primer lugar está la necesidad de halagar constantemente a Donald Trump, una de las máximas de las relaciones internacionales del momento y con la que se consigue una mejor relación directa con el presidente de Estados Unidos, conocido por hacer de las relaciones personales el eje de sus decisiones económicas y políticas. En segundo lugar, Moscú aprecia no ser señalada como enemigo en la Estrategia de Seguridad Nacional del país más potente del mundo y líder de la OTAN, la Alianza militar cuya expansión hacia sus fronteras trata de detener o revertir. Finalmente, el Kremlin también ve positiva la afirmación de “reestablecer las condiciones de seguridad en Europa y la estabilidad estratégica con Rusia” como uno de los objetivos de Estados Unidos. Sigue leyendo
El círculo sigue cerrándose alrededor de Zelensky, presionado por enemigos y aliados y sin poder contar ya con Andriy Ermak, una figura extremadamente dura, intransigente y percibida como abiertamente autoritaria, pero que servía al presidente de Ucrania de escudo contra ese tipo de críticas. El motivo por el que Ermak era tan importante para Volodymyr Zelensky es precisamente ese, la forma de desviar la atención de la actuación a la persona. Cualquier mínimo análisis de la actuación de Zelensky muestra que a lo largo de estos seis años de mandato, Andriy Ermak no ha sido una figura independiente, sino la extensión del presidente. Desde la Oficina del Presidente, un puesto de nombramiento directo sin necesidad de ser aprobado por la Rada -aunque en este caso nunca habría sido un problema, ya que el legislativo ucraniano ha actuado de mecanismo de ratificación de las decisiones de Zelensky desde su llegada al poder hasta la actualidad-, Ermak ha sido la persona que, con la capacidad ejecutiva que le otorgaba su cercanía al jefe de Estado, ha podido actuar de vicepresidente de facto, negociador, diplomático y barrera para llegar al presidente.
La importancia de Ermak para Zelensky puede medirse en el intento del presidente de rescatar a su mano derecha en el momento en el que comenzaba a quedar claro que el cerco se estrechaba a su alrededor. Incluso cuando se había difundido ya el alias de Ali Baba con el que Ermak aparecía en el caso Midas, con el que el entorno de Zelensky habría saqueado cien millones de dólares de la empresa pública de energía atómica, el presidente quiso proteger a su mano derecha nombrándole jefe de la delegación ucraniana en la negociación con Estados Unidos. Pero mucho antes, en verano, Zelensky fracasó en su intento de poner las estructuras anticorrupción al servicio de la Fiscalía, es decir, del Gobierno, que a día de hoy está centralizado en la Oficina del Presidente, entonces dirigida por su segundo de a bordo, Andriy Ermak. Sigue leyendo
“Lo que decidamos ahora determinará el futuro de Europa: la particular vulnerabilidad de Bélgica en la cuestión de la utilización de los activos rusos congelados es innegable y debe abordarse de tal manera que todos los estados europeos corran el mismo riesgo”, escribió ayer en las redes sociales Friedrich Merz, encargado de visitar al primer ministro belga para convencerle (u obligarle) a aceptar la idea del famoso préstamo de reconstrucción, la treta de legalidad creativa con la que los países europeos quieren hacerse con el control de los activos rusos retenidos en la Unión Europea. La negativa de Bélgica, el país claramente más expuesto a la previsible litigación rusa, a aceptar unilateralmente un riesgo que la Unión Europa sigue afirmando falsamente que no existe, había puesto contra las cuerdas lo que Financial Times ha calificado de “intento desesperado por mantener la solvencia de Ucrania utilizando la riqueza inmovilizada de Moscú”. “Europa agota los trucos legales sobre los activos rusos congelados”, titulaba el medio, que no escondía la alarma que a día de hoy existe en los países europeos, que trabajan a contrarreloj.
El mensaje del canciller alemán se producía horas después de su visita a Bruselas, aunque Merz ha preferido enmarcar su argumento, no tanto en las necesidades económicas de Ucrania, como en la necesidad común de utilizar esos fondos para garantizar la seguridad. “Rusia se prepara militarmente para un conflicto con Occidente y amenaza la libertad y la seguridad europeas. Está en nuestras manos enviar una señal inequívoca a Moscú”, afirmaba el texto de Frankfurter Allgemeine reposteado por Merz con su enésima apelación a lograr la expropiación de facto de los fondos rusos retenidos. “El problema es que Rusia tiene un ejército muy grande, su presupuesto militar es inmenso y lo querrá utilizar en el futuro, sea en Ucrania o en otro sitio”, afirmó, en la misma línea una sonriente Kaja Kallas en su intervención en el Foro de Doha, donde insistió en el discurso europeo de mantener la presión -y la batalla- hasta que Ucrania pueda conseguir sus objetivos y posiblemente los de la Unión Europea. La presión, por lo tanto, ha de dirigirse contra “el agresor”, ya que ”si la agresión se premia, ocurrirá otra vez”. “Y no solo en Ucrania o en Gaza, sino por todo el mundo, porque se vería que se premia la agresión. Por eso tenemos tantas guerras ahora mismo y el derecho internacional está tan amenazado”, sentenció la satisfecha Kallas, exprimera ministra de Estonia, un país con poder militar insignificante, pero que eligió participar en la invasión de Irak como forma de acercarse a Estados Unidos. Sigue leyendo
“Europa empieza a asumir que Ucrania deberá sacrificar territorio si quiere terminar la guerra”, titula el artículo de El País en el que se trata la preocupación de las capitales europeas por la postura estadounidense de priorizar el final de la guerra por encima de la voluntad continental de lograr los objetivos estratégicos. Publicada ayer, también la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos confirma esa postura. El plan, que tal y como se esperaba prioriza la Doctrina Monroe y el “corolario Trump” para obtener la hegemonía completa en América incluso por encima de la contención de China, presenta un mundo acorde a la teoría de Strategy of Denial, el libro publicado en 2018 por el ahora número 3 del Pentágono, Elbridge Colby. El objetivo de Estados Unidos en las regiones estratégicas es impedir la existencia de bloques “contrahegemónicos”, grupo de países capaces de rivalizar con el poder de Washington. Fomentar alianzas favorables, alejar a potenciales rivales de crear esos ejes e intervenir únicamente en los momentos estrictamente necesarios son la base de una forma de injerencia que no necesariamente implica presencia continua, motivo por el que la actuación del trumpismo, profundamente intervencionista en lo político y también en lo militar, ha sido calificada de aislacionista.
Aunque la parte dedicada a Europa merece un análisis más a fondo, las referencias a la guerra de Ucrania son limitadas y simplemente confirman los temores europeos. En apenas dos párrafos, uno de ellos dedicado a la relación entre los países europeos y Rusia, Ucrania recibe solo cuatro menciones. “La administración Trump se encuentra en desacuerdo con los funcionarios europeos que tienen expectativas poco realistas respecto a la guerra, apoyados en gobiernos minoritarios inestables, muchos de los cuales pisotean los principios básicos de la democracia para reprimir a la oposición”, afirma el documento, que ratifica lo que ha sido la política oficial de la administración Trump desde su llegada al poder. La prioridad es conseguir el final de la violencia para evitar males mayores, recuperar la relación económica con Rusia y proceder a “hacer grande a Europa”, un plan acorde con el discurso de JD Vance en Múnich y el apoyo de Estados Unidos a los movimientos de extrema derecha y nacionalismo blanco afines al trumpismo. afirma el documento, que incide en que “una gran mayoría europea quiere la paz, pero ese deseo no se traduce en políticas, en gran medida debido a la subversión de los procesos democráticos por parte de esos gobiernos. Esto es estratégicamente importante para Estados Unidos precisamente porque los Estados europeos no pueden reformarse si están atrapados en una crisis política”, añade con una nueva reivindicación velada de partidos como AfD. Sigue leyendo
Sorprendida por el retorno a las políticas de grandes potencias, por el ascenso de países a los que acostumbraba a dar órdenes o colonizar y sin comprender cómo Occidente ha podido perder parte de su poder blando y ya ni siquiera puede obligar al Sur Global a unirse a sus sanciones, la Unión Europea sigue perdida en el mundo de Francis Fukuyama en el que la historia llegó a su fin en los años 90 con la implosión del socialismo realmente existente y la victoria del capitalismo y de su superioridad moral que imponer al resto del mundo. “El mundo se mueve bajo nuestros pies”, afirmó el pasado septiembre Kaja Kallas en un discurso geopolítico en el que insistía en que Europa, como ha hecho siempre, sería uno de los factores que determinarán el mundo del futuro. En su discurso, Kallas no especificaba cómo la UE iba a incidir en los cambios geopolíticos en un mundo en el que su peso ha quedado reducido debido a múltiples factores, entre los que se encuentra la realidad de su peso económico, el relativo declive del poder de Occidente, el desinterés de su aliado estadounidense por el Viejo Continente o el ascenso de polos como China o India, a los que Bruselas sigue intentando dar órdenes.
Ayer mismo, la Agencia EFE escribía sobre la reunión de los presidentes chino y francés que “Emmanuel Macron, insta a su par de China, Xi Jinping, a implicarse en pasos concretos hacia un alto el fuego en Ucrania y reclama corregir los desequilibrios económicos entre Pekín y Europa”. Es decir, Francia exige a China, la segunda potencia económica mundial en términos de PIB, que se preste a equilibrar la relación comercial con la UE y que haga por los países europeos lo que ellos mismos no han logrado con 19 paquetes de sanciones y tres años y medio de continuo suministro militar. La realidad supera a la ficción y las antiguas potencias coloniales, las mismas que condenaron a China al siglo de la humillación, tratan de perpetuar una relación cuyos términos no se sostienen desde hace varias décadas. Esa postura europea de exigir mucho y ofrecer muy poco es muestra de debilidad geopolítica, pero también de desesperación al seguir chocándose siempre contra el mismo muro, la incapacidad de infligir a Rusia la derrota estratégica que erróneamente creyó en febrero de 2022 que sería capaz de provocar. Sigue leyendo
El martes por la noche, durante seis horas de las que apenas se conocen detalles, Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Donald Trump, negociaron con Vladimir Putin, Kiril Dmitriev y Yuri Ushakov el planteamiento para la resolución de la guerra en Ucrania. “Solo se ha discutido una cuestión y ha sido la resolución de la crisis en Ucrania”, afirmó Ushakov, que añadió que “la atmósfera es constructiva y los americanos están dispuestos a hacer esfuerzos para conseguir una resolución de larga duración, lo que es acorde con nuestros objetivos”. Ushakov, que precisó que las partes habían pactado no dar detalles de las negociaciones, sí precisó que la cuestión de la adhesión de Ucrania a la OTAN fue “uno de los temas clave” discutidos en la reunión.
Según publicó a lo largo del día la NBC estadounidense, Washington es consciente de las verdaderas líneas rojas de Moscú. “«Hay tres pilares en los que no cederemos», afirmó un funcionario ruso informado sobre el asunto bajo condición de anonimato. «Uno es el territorio de Donbass. El segundo es el límite de las fuerzas armadas de Ucrania. El tercero es el reconocimiento del territorio por parte de Estados Unidos y Europa»”, escribía el medio, que añadía que “Moscú está dispuesta a ser flexible en ciertas cuestiones secundarias, según declaró esta semana el oficial, como los cientos de miles de millones en activos rusos congelados en Europa al comienzo de la guerra”. Esta última idea es coherente con lo publicado por Reuters en primavera en una exclusiva que afirmaba que Rusia aceptaría el uso de sus activos congelados, dados por perdidos en 2022, para la reconstrucción de todo el territorio, también de las zonas que quedarían bajo su control. Territorio y seguridad son las únicas cuestiones verdaderamente clave en esta negociación en la que Rusia quiere dejar claro que cuenta con cierta flexibilidad. Sigue leyendo
Autonomía estratégica ha sido uno de los conceptos más repetidos del año, especialmente desde que Pete Hegseth dejó sin habla a los aliados europeos de la OTAN anunciando que el continente ha dejado de ser una prioridad para Estados Unidos y dando la orden de que sean los Estados miembros quienes se hagan cargo del coste de la seguridad y también de la guerra y posguerra de Ucrania. En el tiempo transcurrido desde la toma de posesión de Trump, los países europeos han compaginado la narrativa de toma de control de su propia seguridad, las reivindicaciones vacías de la necesidad de ser un actor geopolítico y de seguridad autónomo y las plegarias a Estados Unidos para que el hegemón no se desentienda del continente ni de la guerra en Ucrania. Centrado en la contención de China y en conseguir el dominio absoluto del continente americano, para lo que indulta, como hizo ayer, a expresidentes condenados por narcotráfico como Juan Orlando Hernández mientras ordena el cierre del espacio aéreo venezolano para bombardear objetivos alegando luchar contra la droga, Estados Unidos ha dejado de mirar a Europa como nada más que un mercado en el que vender su energía, productos agrícolas, tecnológicos y vehículos.
Con una guerra en el continente y sin capacidad para gestionar por su cuenta el suministro de armamento pesado en enormes cantidades, hacerse cargo de una logística que incluso Washington ha tenido dificultades para realizar de forma eficiente ni aportar la inteligencia en tiempo real que proporciona Estados Unidos, los países europeos prefieren no asumir que su aliado a otro lado del charco les ha ofrecido ya esa autonomía estratégica con la que soñaban y espera que actúen de forma independiente. La certeza de que no va a crearse en el continente ningún bloque contrahegemónico, es decir, contrario a los intereses de Estados Unidos, es tal que Trump puede permitirse incluso romper la máxima con la que nació la OTAN –“keep the Americans in, the Russians out and the Germans down”, “mantener a los americanos dentro; a los rusos, fuera y a los alemanes, aplastados”- y ceder en el liderazgo. “Donald Trump quiere que Alemania tome el control de la OTAN”, titulaba el 19 de noviembre The Telegraph en un artículo en el que planteaba que la administración estadounidense desea que Alemania juegue en Europa el papel que históricamente ha jugado Estados Unidos. Sigue leyendo
“Seguimos siendo realistas sobre la dificultad de esto, pero a medida que hemos avanzado, creo que existe una visión compartida de que no se trata solo de poner fin a la guerra, lo cual es muy importante, sino de asegurar el futuro de Ucrania, un futuro que esperamos sea más próspero que nunca”, declaró Marco Rubio el domingo por la noche, tras la finalización de la reunión de cinco horas que la delegación estadounidense había mantenido con la ucraniana en el campo de golf propiedad de Steve Witkoff en Florida. Marco Rubio posaba junto a Rustem Umerov, que ha sustituido al mucho más duro y exigente Andriy Ermak al frente de la delegación negociadora de Ucrania, para informar a la prensa de un encuentro que, según ambas partes, fue “productivo”. Sin embargo, a juzgar por la valoración de los hechos y la información sobre los temas tratados que Estados Unidos y Ucrania suministraron a su prensa afín, es posible que el consenso acabara ahí.
“Las negociaciones entre Estados Unidos y Ucrania del domingo se centraron en la ubicación de la frontera de facto con Rusia según un acuerdo de paz. Funcionarios ucranianos describieron la reunión de cinco horas como «difícil» e «intensa», pero productiva”, escribió Barak Rabid, el reportero de Axios al que el trumpismo filtra aquello de lo que quiere que se hable. Rabid “escribe que «la línea de control territorial fue prácticamente el único tema discutido, según dos funcionarios ucranianos». Sin embargo, los funcionarios ucranianos han explicado repetidamente que las cuestiones territoriales se deben negociar a nivel presidencial.”, contestaba la periodista ucraniana Kateryna Lisunova, de la que Michael Weiss afirma que “está en contacto estrecho con altos cargos ucranianos”. Las palabras de la delegación ucraniana insistían en que, como afirmaba la periodista, no se había tratado el tema de las concesiones territoriales. “Me pregunto si los sospechosos habituales del lado estadounidense están volviendo a manipular”, insistía Michael Weiss, dispuesto a creer las palabras de la delegación ucraniana filtradas a una periodista afín y dando nuevamente a entender que una parte del equipo estadounidense -concretamente Steve Witkoff- trabaja para el bando ruso. Teniendo en cuenta que el resto de temas fueron tratados en la reunión de Ginebra siete días antes, sería impensable que territorios y seguridad no fueran el centro de la reunión del domingo en Miami. Sigue leyendo
Tras el cese de su número dos, el todopoderoso Andriy Ermak, Volodymyr Zelensky trata de reconstruir el Gobierno y la Oficina del Presidente para que este momento de vulnerabilidad que supone perder al asesor más importante no provoque una crisis política de consecuencias impredecibles. Entre las opciones de Zelensky están personas como Yulia Svyrydenko, que obtuvo el puesto de primera ministra en la anterior crisis de gobierno precisamente por ser cercana a Ermak, o Pavlo Palisa, militar reconocido y uno de los jefes adjuntos de Ermak. Ambas opciones, u otras similares que se manejan en la prensa, serían ejemplos claros de gatopardismo, cambiar algo para que todo siga igual. En el caso de que el hombre elegido fuera Palisa, Ermak seguiría controlando la Oficina del Presidente por medio de un proxy. Sin embargo, Zelensky se ha reunido también con figuras hostiles a Ermak como Budanov, el jefe de la inteligencia militar con el que el exjefe de la administración presidencial estaba enfrentado. El nombre de la persona que vaya a hacerse cargo de un puesto clave dará un indicio de cuál es el plan elegido por Zelensky para tratar de mantener la estabilidad ahora que, incluso medios tan afines como The Times advierten de que su “batalla por la supervivencia es más personal que nunca” y alertan de que “tras perder a su asesor de mayor confianza en un escándalo de corrupción y ante crecientes dudas sobre la estrategia de guerra de Ucrania, el presidente se enfrenta a posibles deserciones”.
Aunque aún no se ha confirmado quién será la nueva figura fuerte de Ucrania al lado de Zelensky, los medios críticos con su facción han llegado ya a la conclusión de que la actuación del presidente, concretamente el nombramiento de Rustem Umerov para liderar la delegación negociadora ucraniana, supone “una preocupante priorización de la lealtad personal sobre la competencia profesional, precisamente cuando Ucrania menos puede permitirse tal indulgencia”. La oposición parlamentaria, ciertos sectores del partido del presidente y la prensa contraria a Zelensky que ha sobrevivido a las diferentes purgas de partidos, líderes y medios de comunicación prohibidos o demonizados por no ser lo suficientemente nacionalistas, realizan movimientos para mejorar su posición ante los cambios que van a producirse ahora y, sobre todo, ante la posibilidad de que Estados Unidos insista en un acuerdo de paz que implique elecciones a corto plazo. Sigue leyendo
Por segunda vez desde la publicación del plan de 28 puntos propuesto por Estados Unidos como punto de partida para una negociación de paz, Vladimir Putin se refirió el jueves al nuevo intento de lograr un avance diplomático. “En general, estamos de acuerdo en que puede ser una base para futuros acuerdos”, afirmó el presidente ruso en su visita de trabajo a Bishkek, Kirguistán. “Vemos que la parte estadounidense toma en cuenta nuestra postura en algunos aspectos”, añadió el presidente ruso, “pero, en otros puntos, claramente tenemos que sentarnos y hablar”. Negociado por Estados Unidos y la Federación Rusa, el documento original filtrado a la prensa hace una semana es, sin duda, el escenario más favorable a Moscú que se ha presentado desde que el trumpismo iniciara su torpe e intermitente proceso diplomático en busca de una resolución a la guerra de Ucrania. Los 28 puntos habrían dado a Rusia la respuesta que buscaba en términos de prohibir la expansión de la OTAN a Ucrania y cumplirían las actuales expectativas territoriales rusas. Pese a que las autoridades europeas llevan una semana insistiendo en que Rusia no ha modificado sus exigencias maximalistas, es evidente que Rusia aceptaría con agrado congelar el frente en todos los territorios a excepción de Donetsk si la cuestión de la OTAN se resolviera a su favor.
Técnicamente, Rusia reclama todos los territorios de los oblasts de Jersón y Zaporozhie. En las últimas horas, Ucrania se ha visto obligada a movilizar reservas para impedir la irrupción rusa en Guliapole, al sur de Pokrovsk, última gran ciudad en dirección a la capital regional de Zaporozhie, una gran ciudad para cuya captura se precisaría una cantidad de recursos humanos y materiales que Rusia no dispone sobre el terreno. El objetivo de aumentar la actividad en esa dirección no es tanto la aspiración a capturar la ciudad de Zaporozhie, sino insistir en el creciente desequilibrio militar entre Rusia y Ucrania, una forma de presión para mejorar la posición negociadora rusa y empeorar la ucraniana. En 2022, en su retirada, Rusia se llevó consigo los restos del príncipe Potemkin, una figura relevante en la historia del Imperio Ruso. Con ese acto, Moscú dejaba claro que, más allá de las reclamaciones retóricas, comprendía que no disponía de los recursos para regresar a la ciudad. Con el tiempo, la exigencia de obtener la totalidad de las dos regiones del sur de Ucrania ha quedado olvidado y cualquier presión militar en esta zona es defensa activa para impedir cualquier intento ucraniano de recuperar territorio o simple herarmienta para conseguir concesiones en otros aspectos de una posible negociación. Sigue leyendo
Recurrente en la política ucraniana de la última década, la corrupción ha ejercido de argumento fácilmente esgrimido como eje de las campañas electorales y de la posterior oposición. En 2014, Poroshenko se proponía acabar con la corrupción del malvado líder prorruso Yanukovich, con el que había sido ministro, un detalle que omitía sistemáticamente. En 2019, el joven candidato Zelensky no se limitaba a prometer acabar con el poder oligárquico -a pesar de alcanzarlo de la mano de uno de ellos, Ihor Kolomoisky-, sino que se proponía encarcelar a su predecesor. Evidentemente, Petro Poroshenko no ha sido encarcelado, ni siquiera ha sido sometido a un juicio, pero Zelensky sí cumplió parcialmente su promesa. El expresidente ucraniano, junto a otra figura política relevante, Viktor Medvedchuk, fue acusado en una causa por corrupción vinculada a la compra de carbón de los territorios de la RPD cuando el Gobierno ucraniano había impuesto el bloqueo económico de las zonas de Donbass fuera de su control.
Ejemplo del uso partidista de la corrupción y también de los límites a los que se puede llegar, Poroshenko y Medvedchuk, acusados por los mismos actos, sufrieron un castigo diferente. Medvedchuk fue encarcelado primero, puesto bajo arresto domiciliario después, condenado a la pena de telediario tras un supuesto intento de huida y finalmente entregado a Rusia como prisionero de una guerra en la que no había participado. Con una postura menos radical sobre el uso de la fuerza contra Donbass, Medvedchuk, un hombre personalmente cercano a Vladimir Putin, ejerció de enviado extraoficial de Ucrania para conseguir el retorno de prisioneros de guerra. Su posición, y de ahí su utilidad para el Estado, era la de conseguir el retorno de los territorios de Donbass a control ucraniano, algo que no le garantizó inmunidad, sino que le condenó al tratamiento que le dio Zelensky desde el momento en el que su partido, la Plataforma Opositora Por la Vida, se convirtió en líder de las encuestas de intención de voto para las elecciones legislativas. Destruir a Medvedchuk y a la opción política que lideraba fue la prioridad del Gobierno ucraniano, que en ningún momento buscó modificar las estructuras de poder que habían dado lugar a la corrupción ni castigar a Petro Poroshenko. Sigue leyendo
“Tenemos que pasar de una situación en la que Rusia hace como que negocia a una en la que tengan que negociar”, proclamó Kaja Kallas en un discurso pronunciado el miércoles en el Parlamento Europeo. Esa frase resume la estrategia europea de rechazo a toda negociación hasta que Ucrania se encuentre en posición de fuerza. Como admitieron de forma explícita líderes como Emmanuel Macron cuando se encontraba en fase de preparación y optimistas como Budanov preparaban su próxima llegada a Crimea, esa fue la lógica de la contraofensiva de 2023. La euforia de los grandes éxitos militares del futuro hizo que a los países europeos se les pasara el momento en el que Ucrania se encontraba en esa posición: el otoño de 2022, tras las tres derrotas rusas en Kiev, Járkov y Jersón, momento de mayor debilidad de las tropas de Moscú, que durante meses dedicaron sus esfuerzos a cavar trincheras para protegerse de un ataque que temían.
Se puede entender que el fracaso de esa estrategia de poner en peligro el control de Crimea para obligar a Rusia a negociar contra las cuerdas ha condenado la guerra a la situación actual, un conflicto en el que no va a haber una victoria completa de ninguna de las partes, por lo que no habrá tampoco imposición unilateral de los términos de la resolución. Pero a ese aspecto hay que añadir también el factor de supremacismo de Europa occidental, confiada en su superioridad económica, material, militar e incluso humana, que ha subestimado la resiliencia rusa en todos los aspectos, se ha creído su propia propaganda de victorias futuras y ni siquiera se ha planteado la posibilidad de que su oponente pudiera ser capaz de sobreponerse, aprender de sus errores y adaptarse a las condiciones de la nueva guerra moderna mejor que su proxy. Sigue leyendo
Siguiendo la tendencia de los últimos meses, Rusia y Ucrania buscan posicionarse en la negociación de tal manera que no se provoque la ira de Donald Trump, incluso Moscú ha realizado declaraciones relativamente favorables a lo que Kiev y Washington supuestamente acordaron en Ginebra. La jugada de Zelensky de decir sí a ese compromiso de paz sobre la base de un acuerdo en el que quedan por negociar todos los aspectos esenciales de la guerra no parece haber salido bien y Donald Trump no ha aceptado al idea ucraniana de una reunión inminente de los dos presidentes. Es ahí, en una reunión bilateral, en la que Kiev quiere negociar, solo con Estados Unidos y siempre teniendo el apoyo de la UE, la cuestión del territorio y de la seguridad. Por si acaso, oficiales ucranianos, incluido su presidente, realizan estos días declaraciones en las que dejan claro que sus líneas rojas no han cambiado. Como recogía ayer CNN, tres son los puntos en los que Ucrania no está dispuesta al compromiso: la cuestión territorial, la OTAN y las limitaciones a su ejército.
El documento de 28 puntos presentado en Kiev por Dan Driscoll, que se lo entregó a Zelensky con el mensaje de que la capacidad de Estados Unidos y la OTAN de mejorar la situación en el frente tenía un límite y que el deterioro sobre el terreno va a continuar, por lo que es preciso un compromiso, implicaba una limitación a 600.000 efectivos en las Fuerzas Armadas de Ucrania. Este aspecto ha sido considerado una exigencia inaceptable por Kiev, sus aliados europeos y sus socios mediáticos. “Los ucranianos no quieren vivir de rodillas. No van a sacrificar su derecho a tener un ejército”, afirmó en un programa de CNN Josh Rogin, uno de los columnistas más conocidos de The Washington Post, sin precisar que esa cifra haría del ejército ucraniano el segundo más numeroso de Europa, solo por detrás del ruso.
Solo algunos analistas occidentales proucranianos, aún con capacidad de razonamiento lógico han restado importancia a esa limitación. “Limitar el ejército ucraniano a 600.000 efectivos no es tan drástico como imagino que pretendían los rusos. Cuando hablé con algunos analistas del Ministerio de Defensa británico hace un par de meses, expresaron dudas de que Kiev pudiera permitirse más de 500.000 efectivos a largo plazo”, escribió el columnista de The Times Mark Galeotti. El subtexto del comentario de Galeotti, al que se puede añadir que la certeza de que el ejército no alcanzará esos niveles facilita que Rusia lo acepte, es que Ucrania solo podría permitirse ese ejército si sus costes fueran sufragados con financiación ajena. Con el ejercicio de grupo de presión de la Unión Europea, Ucrania parece haber logrado aumentar el límite a 800.000, una cifra fuera de toda lógica salvo que no se busque una situación de paz, sino de conflicto continuado y exista la certeza de que el flujo de asistencia económica para sostener esas fuerzas armadas no va a desaparecer más allá del alto el fuego.
A las exigencias de un ejército ucraniano que triplique su tamaño de 2022 y que incluso supere de sus niveles actuales hay que sumar las declaraciones de diferentes países que buscan perpetuar la idea de la amenaza rusa, necesaria para mantener el rearme, el aumento del gasto militar y el conflicto con Rusia más allá de un posible alto el fuego. “Putin tiene en el punto de mira a la UE y a la OTAN. Nuestros servicios de inteligencia emiten advertencias urgentes: como mínimo, Rusia se está creando la opción de declarar la guerra a la OTAN para 2029. Debemos disuadir cualquier agresión rusa, junto con nuestros socios y aliados”, escribía ayer la cuenta oficial de la diplomacia alemana en un nuevo ejemplo del discurso de enemigo a las puertas tan útil para justificar la aplicación del plan de dos puntos de Kaja Kallas: elevar el nivel de sanciones para acrecentar la presión política, económica y militar contra Rusia y aumentar la asistencia económica y militar a Ucrania. “Todavía tenemos que pasar de una situación en la que Rusia finge negociar a una situación en la que necesite negociar”, declaró ayer Kallas, como si la UE y sus aliados británicos y estadounidenses no llevaran tres años y medio realizando, sin éxito, esos esfuerzos. Por si fuera poco, Kallas lanzó ayer una nueva ocurrencia: exigir que Rusia reduzca su ejército y realice «concesiones serias».
Considerada especialmente radical, Kaja Kallas no es, sin embargo, un verso suelto, sino que sus afirmaciones son perfectamente coherentes con las que están realizando el líder de la OTAN, los comités de Asuntos Exteriores de los Parlamentos europeos o los líderes de las principales potencias comunitarias, que esta semana han emitido un comunicado insistiendo en la integridad territorial de Ucrania, un sueño para el que habría que remontarse a doce años atrás. Como por mero automatismo, el presidente ucraniano quiso agradecer ayer la intervención más reciente de Úrsula von der Leyen en el Parlamento Europeo afirmando que “coincidimos en la misma opinión: mientras Rusia siga rechazando todos los esfuerzos de paz, deben endurecerse las sanciones contra ella y debe continuar la asistencia financiera y de defensa a Ucrania. Hablamos de la situación diplomática actual y de la labor de la Unión Europea en la toma de decisiones sobre el uso de los activos rusos congelados para la defensa de Ucrania. También coordinamos nuestros contactos para el futuro próximo”. Rusia ha negociado con Estados Unidos el plan de 28 puntos, su presidente indicó que, por primera vez, existe un documento sobre el que se puede negociar e incluso ahora que los aspectos más importantes para Rusia han sido eliminados temporalmente para proteger a Ucrania de una paz con unos compromisos excesivos, el Kremlin busca la manera de complacer a Estados Unidos mostrándose abierta a negociar. Sin embargo, el discurso europeo y ucraniano insiste en alegar que Rusia rechaza cada apertura a una negociación que nunca se le ha ofrecido. El único diálogo político en el que Zelensky quiere discutir las cuestiones clave no es con Rusia, ni siquiera con Estados Unidos en el sentido amplio, sino solo con Donald Trump. Todo ello siempre con el apoyo de sus aliados europeos, a los que incluso Moscú ha admitido que ha de escucharse ya que la cuestión de la seguridad en Europa -entendida no solo como la Unión Europea y el Reino Unido, sino el territorio que se extiende entre el Atlántico y los Urales-, les afecta directamente. Esa apertura rusa a dialogar con la UE, vista durante los últimos meses como más beligerante que Estados Unidos e incluso que Ucrania, no es correspondida por los países europeos, cuya postura no solo no ha cambiado ante la posibilidad de una negociación política en busca de la paz, sino que se ha reafirmado.
Completamente al margen de la realidad, continúan las reuniones de la Coalición de Voluntarios, con las que los líderes europeos simulan actividad, dan a entender su importancia y jamás llegan a proponer nada concreto. Sin embargo, sus declaraciones, generalmente vacías, son suficientes para dar a Rusia una imagen de las verdaderas intenciones de los países europeos. En realidad, no hace falta utilizar excesiva imaginación, ni escuchar a oficiales con especial grado de radicalidad, basta con escuchar las declaraciones de Emmanuel Macron.
“Soldados de Francia, Reino Unido o Turquía podrían ser enviados a Ucrania como parte de la «fuerza de seguridad» el «día en que se firme la paz», afirmó el presidente francés Emmanuel Macron en una entrevista con la emisora de radio francesa RTL publicada el 25 de noviembre. Las fuerzas que operan bajo la «Coalición de los Dispuestos» se desplegarían en lugares de retaguardia, como Kiev u Odesa, para proporcionar seguridad y entrenamiento, sirviendo así como una de las garantías de posguerra de Ucrania, dijo Macron en la cumbre de la Unión Europea y la Unión Africana celebrada en Angola. La coalición liderada por Francia y Reino Unido se creó a principios de este año para proporcionar garantías de seguridad a Ucrania como parte de un posible acuerdo de paz, con el objetivo de fortalecer el país frente a cualquier futura agresión de Rusia. El despliegue en Ucrania no se llevaría a cabo en el marco de la OTAN, sino como parte de una «coalición intergubernamental», dijo Macron”, escribía ayer The Kyiv Independent, en referencia a las palabras del presidente francés, que sigue insistiendo en que las tropas de tres de los ejércitos europeos de la OTAN no supondrían un contingente de la Alianza. Ningún líder europeo puede ser tan ingenuo como para creer que esa treta va a ser suficiente para que Rusia acepte un acuerdo de paz en esos términos, por lo que puede deducirse que la idea de la introducción de tropas el día después del alto el fuego busca garantizar una paz en la que Ucrania siga siendo utilizada como plataforma militar para debilitar a la Federación Rusa, objetivo que la UE reafirma de forma continua.
Los planes europeos, que pasan por la militarización de Ucrania en un escenario similar al de Corea, requiere de una financiación inmensa de la que Ucrania carece Aunque menos comentado que la cuestión de la OTAN o el aspecto territorial, el hecho de que la UE -y Kiev a su sombra- haya marcado como línea roja el uso de una parte importante de los activos rusos retenidos en Occidente para la reconstrucción de Ucrania es tremendamente relevante. No solo se trata de impedir que una parte de esos fondos vayan a parar a la reconstrucción de aquellos territorios que van a quedar en manos rusas y que, en el caso de Donetsk, es quizá la que más daños está sufriendo en la guerra, sino de garantizar que los fondos sean dedicados a aquello para lo que Bruselas desea que se usen. Los fondos rusos no están para la reconstrucción de Ucrania, sino para la adquisición de armas y mantenimiento de la parte militar de un Estado que haga para la UE lo que Israel supone para Estados Unidos. De ahí que no haya que extrañarse con las noticias que informan de que, pese a la posibilidad de paz que implica la existencia de negociaciones relativamente avanzadas en busca de un documento que ejerza de base para la diplomacia, los países europeos reaccionen acelerando sus esfuerzos para hacerse con los activos rusos.
“La UE acelerará su plan de utilizar los activos estatales rusos congelados para respaldar un préstamo de 140.000 millones de euros a Ucrania, según anunció el miércoles la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Durante un discurso en el Parlamento Europeo, se comprometió a presentar una propuesta formal en la que se describa el plan, como medida de ayuda a la economía ucraniana, devastada por la guerra. «El siguiente paso es que la Comisión está lista para presentar un texto legal», declaró Von der Leyen a los legisladores en Estrasburgo, aunque no especificó cuándo se presentaría el documento”, escribía ayer Politico.
Financiar la guerra o, en el peor de los casos, mantener la militarización del Estado ucraniano, entendido, tal y como espera Zelensky, como frontera exterior de la seguridad de la UE, es más importante que garantizar su reconstrucción. Y si países como Bélgica, absolutamente expuesto a una quiebra del Estado en caso de litigación y victoria judicial de Rusia, rechazan aprobar el sistema de legalidad creativa para poner en manos de Ucrania, técnicamente por medio de un préstamo que todas las partes saben que nunca devolverá, una cantidad equivalente a los activos rusos, es precisa una vía alternativa. “Los países europeos buscan urgentemente un plan B para financiar a Ucrania”, añadía en otro artículo Politico, que recuerda que Kiev corre el riesgo de quedarse sin dinero en marzo. La solución no es buscar la paz, con lo que las necesidades económicas descenderían -financiar una guerra y adquirir constantemente armas no es una empresa barata- ni garantizar que Ucrania disponga de una parte importante de los activos rusos para su reconstrucción sino continuar marcando líneas rojas e insistiendo en exigencias que hacen imposible un acuerdo, sino buscar vías para mantener el gasto militar. “Una opción que está ganando adeptos es la de un préstamo «puente», financiado con fondos de la UE, para mantener a flote a Ucrania durante los primeros meses de 2026, según cuatro funcionarios. Eso daría más tiempo para establecer el préstamo de reparación completo utilizando los activos rusos de una manera que Bélgica pueda aceptar, a fin de proporcionar una solución a más largo plazo”. En lo económico, igual que en lo militar, el único plan de la Unión Europea es ganar tiempo para tratar de imponer el plan A.
Rusia sigue mirando en la distancia cómo los acontecimientos se desarrollan según el esquema seguido hace unos meses: se presenta un borrador de acuerdo por parte de un sector de la administración estadounidense, los países europeos reaccionan rápidamente volviendo a introducir aspectos que hacen imposible un acuerdo, Ucrania sigue los pasos necesarios para compaginar no aceptar puntos que considera inviables mientras confía en que la intervención de sus aliados hará innecesario dar un no rotundo a Estados Unidos, una facción diferente de la Casa Blanca inicia negociaciones y el resultado parece creado en un laboratorio para asegurar que no pueda haber acuerdo con Rusia.
El proceso actual es el primero en el que existe un documento completo sobre el que negociar y, a la vista de los cambios que se han introducido en Ginebra, reescribir completamente. Esa es la diferencia fundamental entre este momento y los anteriores que irremediablemente llevaron al silencio diplomático, paso del tiempo, acumulación de destrucción y muerte a ambos lados del frente y pérdida de territorios por parte de Ucrania. Ayer se publicaba una imagen de soldados rusos transitando tranquilamente por el centro de Krasnoarmeisk (Pokrovsk), mientras Ucrania continúa alegando haber “limpiado” el centro de la ciudad de soldados rusos, prueba suficiente para exdiplomáticos y ahora lobistas como Michael McFaul que escribía el lunes que “la afirmación del equipo de Trump y sus partidarios sobre un colapso inminente de Ucrania en el campo de batalla no está respaldada por los datos”. Esos datos eran la falsa afirmación ucraniana sobre Pokrovsk. En realidad, no son ni los partidarios de Trump ni Rusia quienes hablan de colapso. Sin embargo, estos últimos días, sí lo han hecho personas tan poco sospechosas de rusofilia como Serhiy Sternenko, exlíder del Praviy Sektor en Odessa y ahora activista militar y militarista, o Maksym Zhoryn, comandante adjunto de la Tercera Brigada de Asalto de Andriy Biletsky, que como el resto del liderazgo de Azov, no se ha mostrado contrario a las negociaciones y advierte de la pésima situación en el frente. La voluntad de continuar luchando contra Rusia hasta el último ucraniano y a costa de todos y cada uno de los pueblos de Donbass aumenta proporcionalmente a la distancia desde la que se observa la guerra. Sigue leyendo
“Nadie lo apoyará”, sentencia el titular de la BBC en su artículo con entrevistas a soldados ucranianos en la primera línea del frente reaccionando al plan de paz de Estados Unidos, que Ucrania está negociando y matizando con Washington en Ginebra. Pese a lo contundente del titular, que es también la frase elegida para su promoción en las redes sociales, el artículo muestra, enterrada entre alegatos a continuar la guerra hasta la victoria final, una opinión disidente. “Es el momento de acordar al menos algo”, afirma un soldado apodado Snake. “Que se lo queden”, afirma en referencia a la parte de Donetsk aún bajo control ucraniano. “Prácticamente no queda nadie en las ciudades y en los pueblos…No estamos luchando por la gente sino por la tierra, todo ello mientras perdemos gente”, añade rompiendo con la lógica de la guerra de Ucrania en Donbass, que siempre ha sido por el territorio, no por una población de la que recela, desde 2014.
La lucha por el territorio y por sus fronteras es también la base sobre la que se está gestando la oposición de los países europeos -Unión Europea y Reino Unido- estos días en los que se juega el destino de la negociación. Por primera vez desde que comenzó el intento diplomático trumpista, torpe y carente de personas con capacidad de trabajo y conocimiento del conflicto, se negocia actualmente sobre la base de un documento en el que se tratan todas las cuestiones importantes de la guerra rusoucraniana -territorios, seguridad, reconstrucción, cuestiones humanitarias y sociales- y del conflicto político más amplio en el que se enmarca -aspectos geopolíticos y enfrentamiento entre Rusia, la Unión Europea y la OTAN- y que tanto Kiev como Moscú han aceptado como punto de partida. Reflejando la realidad de esta guerra, en la que solo Rusia dispone de la autonomía que le supone no depender de terceros países, la postura de Ucrania y su aceptación de negociar está marcada por la orden de Estados Unidos, que sutilmente deja caer que podría detener su suministro de inteligencia e incluso armas en caso de entender que no hay voluntad de paz. Sigue leyendo
“En algún momento tendrá que aceptar algo”, afirmó Donald Trump al ser preguntado por el rechazo de Ucrania a varios de los postulados del plan de 28 puntos presentado por Estados Unidos y que sigue siendo el centro de la actualidad política de la guerra. Washington, que tiene prisa por desvincularse de esta guerra que no le gusta, marcó una fecha límite que, como todo, será flexible, pero que supone la presión añadida del tiempo al intento de Ucrania y los países europeos de volver a hacer de un documento considerado prorruso otro claramente favorable a Kiev, modus operandi en cada uno de los intentos trumpistas de llegar a un acuerdo. En ese sentido, haciéndose eco de algo obvio pero que está siendo pasado por alto por quienes prefieren reducir los hechos a que Rusia no quiere negociar o rechaza cualquier oferta, lema fundamental de Ucrania y sus aliados europeos, el experto de RAND Corporation Samuel Charap declaraba a The New York Times que pese a haber dado el importante paso de “abrir canales de comunicación a los más altos niveles”, falta aún “una pieza clave del puzle: un verdadero proceso de negociación”.
“Los procesos de negociación que han resuelto con éxito conflictos armados similares en el pasado fueron continuos, estructurados y en gran medida confidenciales. Esas conversaciones, en las que participan representantes con autoridad de las partes beligerantes y sus principales apoyos externos, así como mediadores experimentados, son necesarias para identificar concesiones mutuas, comprender el margen para el compromiso y, lo que es más importante, poner a prueba la propuesta de que la otra parte está dispuesta a comprometerse con la paz”, añade Charap para contrastar la diplomacia dispuesta a hacer el trabajo que requiere llegar a un acuerdo entre partes cuyas posiciones son incompatibles y que disponen de apoyos externos a modo de presión añadida con los vaivenes del proceso trumpista. Sigue leyendo
Olvidado, de momento, el escándalo de corrupción que acechaba su Gobierno y que por un momento puso en duda la capacidad de Zelensky de mantener en su puesto a su mano derecha, Andriy Ermak, el presidente ucraniano lucha contrarreloj para no tener que elegir entre “la dignidad y un aliado clave”. Según afirmaba ayer Financial Times, la reunión celebrada en Kiev con presencia de representantes europeos, ucranianos y Dan Driscoll, secretario del Ejército de Estados Unidos -y encargado de entregar a Zelensky el borrador del plan de Trump- fue complicada y una de las fuentes del medio la califica de “nauseabunda”. Estados Unidos parece estar poniendo en práctica aquella máxima de Victoria Nuland –fuck the EU– y no quiere adaptar en exceso su propuesta a las necesidades de sus aliados continentales, a los que el plan exige, entre otras cosas, 100.000 millones de dólares para financiar la reconstrucción de Ucrania, actividad económica de la que, según el documento, Estados Unidos obtendría el 50% de los beneficios.
Según Financial Times, “Driscoll llegó tarde y salpicó sus comentarios con palabrotas. «Tenemos que acabar con esta mierda», dijo. «Las Fuerzas Armadas de EE. UU. aman a Ucrania y la apoyan, pero la sincera valoración del ejército estadounidense es que Ucrania se encuentra en una situación muy delicada y que ahora es el mejor momento para la paz», continuó Driscoll. Sobre esa base y tras anunciar que “no vamos a negociar detalles”, según The Guardian, Driscoll informó a los embajadores de los países de la OTAN que “ningún acuerdo es perfecto, pero hay que llegar a él cuanto antes», les dijo, según una persona que estuvo presente”. “Fue una pesadilla de reunión. Volvió a ser el argumento de «no tienes cartas»”, insiste el artículo citando a una persona asistente en la reunión. El trumpismo ha vuelto al pasado mes de febrero para recuperar el argumento que provocó la primera gran movilización de los países europeos para impedir el deterioro de la relación entre Estados Unidos y Ucrania. Sigue leyendo
Despejada la incertidumbre de si el plan de Steve Witkoff filtrado a medios como Axios y que ya han publicado en su integridad era una iniciativa personal del enviado de Trump para Rusia en colaboración con Kiril Dimitrev, el plan de 28 puntos de la Casa Blanca es ahora mismo el centro del debate político en Ucrania, Rusia y la Unión Europea. “Ucrania se enfrenta a una mayor presión por parte de Washington para que acepte el marco de un acuerdo de paz con Rusia mediado por Estados Unidos, incluyendo amenazas de cesar el suministro de inteligencia y armas”, denunciaba ayer Reuters, uno de los muchos medios que analizan la propuesta estadounidense, la forma en la que se ha gestionado y la rapidez en la respuesta que se exige a Kiev. Donald Trump, que sigue afirmando falsamente haber resuelto ocho guerras, quiere desvincularse completamente de una situación, la guerra en Europa, que no le interesa en absoluto, y dejar resuelta la situación antes de Acción de Gracias, es decir, el próximo jueves.
Esta semana, que comenzaba con un escándalo de corrupción que amenazaba con derribar al gabinete de Zelensky y a su mano derecha Andriy Ermak y continuaba con una gira de reafirmación del apoyo europeo al presidente de Ucrania, ha terminado con una presión política externa completamente inesperada. El martes, se hablaba de la llegada a Kiev de altos representantes del Pentágono, enviados de Pete Hegseth, el secretario de Guerra que siempre ha rechazado visitar Ucrania. En ese momento, los medios daban por hecho que esa presencia estadounidense en Kiev era una muestra de compromiso estadounidense con el desarrollo militar ucraniano, especialmente la colaboración en el sector de la producción de drones. Sin embargo, según se ha publicado, una de las misiones de esa representación era la entrega oficial del plan Witkoff que el Gobierno ucraniano anunciaba oficialmente haber recibido el jueves por la noche. La visita a Estambul, que Zelensky pretendía utilizar para presentar las exigencias ucranianas en su reunión con el presidente y con Steve Witkoff e insistir en la necesidad de presionar más a Rusia, resultó también un espectáculo fallido y el líder ucraniano regresó a Kiev entre la espada de Damocles de una diplomacia bajo presión extrema de su enemigo, que avanza en el frente y sigue sin colapsar económicamente, y su aliado, que le exige rapidez en la aceptación del plan. Sigue leyendo
Ayer, en uno más de los muchos intercambios similares que se han realizado, Rusia y Ucrania intercambiaron cuerpos de soldados caídos en el frente. Ucrania entregó a la Federación Rusa los restos de 30 soldados, mientras que Moscú entregó a Kiev 1000. Esta diferencia es un ejemplo de la actual dinámica tanto militar como política. Al contrario que en 2022, cuando eran más los cuerpos de soldados rusos entregados, se ha consolidado un notable desequilibrio entre la cantidad de cuerpos que Rusia entrega y los que recibe. El dato actual no es una excepción sino la norma. Aunque desde el lado ucraniano se argumenta que el desequilibrio no puede entenderse como una muestra de mayor cantidad de bajas por parte de Ucrania, sino que representa todo lo contrario -los soldados rusos mueren en su lado del frente, ya que tratan de avanzar sobre territorio ucraniano y mueren en el intento-, esa explicación deja de tener sentido desde el momento en el que el frente se mueve, como ocurre ahora, en dirección favorable a Rusia. Los datos son también la negación de otro dogma de esta guerra, la acusación de que Rusia abandona los cadáveres de sus soldados en el frente.
Rusia avanza y es capaz de recuperar los cadáveres de sus soldados y los dejados atrás por las Fuerzas Armadas de Ucrania, que pese a los partes de guerra del comando ucraniano, cada vez más alejados de la realidad, pierde territorio en varias zonas del frente, en algunos casos a una velocidad que ha causado alarma. “El frente está colapsando”, escribió la semana pasada el exlíder del Praviy Sektor en Odessa, ahora activista y figura política en alza, Serhiy Sternenko. La declaración causó cierta sensación en las redes sociales, tanto por contrastar con el todo se encuentra bajo control de Oleksandr Syrsky, como por el cambio con respecto a sus declaraciones pasadas. El miércoles, Clement Molin, cuyo seguimiento diario de la dinámica del frente es considerado preciso -tanto como lo permite la naturaleza de la actual guerra, en la que la batalla de drones ha limitado la lucha de trincheras y ha hecho más fluida la línea de separación-, daba por capturada la localidad de Pokrovsk (Krasnoarmeisk en los partes de guerra rusos), la calificaba como el mayor éxito de Rusia desde la toma de Bajmut (Artyomovsk) y anunciaba que la lucha se encuentra ahora en la cercana ciudad de Mirnograd (Dimitrov). Sigue leyendo
Frente al Gernika de Picasso, Volodymyr Zelensky culminó en Madrid una gira en la que puede presumir de haber obtenido, al menos sobre el papel, importantes resultados. El problema para Ucrania es que los acuerdos que se presentan en grandes eventos rodeados de banderas y de cazabombarderos de atrezzo que buscan mostrar músculo militar y unidad europea son solo la teoría. Comentando el compromiso de adquirir 100 cazas franceses apenas unas horas después de anunciar la compra de 150 aeronaves suecas y el contrato de compra de gas natural licuado transferido por Grecia, el historiador británico Owen Matthews criticaba ayer el pensamiento mágico del presidente ucraniano y su alejamiento de la realidad, algo que, en realidad, se produce, al menos en el ámbito militar, desde mediados de 2023. Fue entonces cuando se puso de manifiesto de forma inequívoca que los objetivos militares que planteaba Ucrania –la derrota completa de la Federación Rusa, a la que se impondría un tratado final en el que no tendría ni voz ni voto, sino solo la capacidad de firmar su capitulación- eran inviables. El paso del tiempo añade a esa falta de realismo la presión de la situación económica. “Kiev no tiene ni de lejos el dinero suficiente para cubrir el agujero presupuestario de 60.000 millones de dólares, y mucho menos para comprar aviones por valor de miles de millones. Ucrania, según sus propias declaraciones, se quedará sin dinero en febrero a menos que la UE acepte concederle un préstamo de 140.000 millones de euros garantizado con activos rusos depositados principalmente en el repositorio bancario internacional Euroclear de Bélgica. Pero no hay ninguna esperanza de que pueda devolver ese préstamo a menos que el Kremlin se vea obligado de alguna manera a pagar reparaciones de guerra, una posibilidad muy remota”, escribe Matthews.
En Kiev, antes incluso del retorno de Zelensky de Turquía, donde ayer se reunió con Erdoğan, la oposición nacionalista, es decir, el partido de Petro Poroshenko y el liberal-nacionalista y tecnócrata Holos han comenzado a intensificar la labor de presión para conseguir concesiones importantes del presidente. “Ningún político importante en Ucrania pide la dimisión de Zelensky, y con las elecciones suspendidas por la ley marcial, no puede ser destituido mediante el voto. Sin embargo, el movimiento que se está gestando en torno a la corrupción supone graves riesgos para él”, escribe The New York Times, que cita al partido de Poroshenko afirmando que “el país por fin ha comprendido el significado de la expresión dinero manchado de sangre”. Se trata de una declaración interesante teniendo en cuenta que la causa abierta contra su líder, el expresidente Petro Poroshenko es precisamente por hacer negocio con el otro lado de la guerra, en aquel entonces las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Sigue leyendo
La visita de Zelensky a España, tercera desde la invasión rusa, transcurrió exactamente según los parámetros previstos. Desde que el presidente ucraniano abandonó el traje de tecnócrata outsider con el que había llegado al poder en 2019, cada una de sus vistas ha sido cuidadosamente coordinada para enviar un mensaje claro y único: el apoyo occidental a lo que se ha presentado como guerra de liberación nacional o lucha entre la democracia y el autoritarismo. Salvo las contadas excepciones en las que Zelensky se ha desviado del guion previamente pactado y se ha creado a sí mismo encerronas en las que Donald Trump le ha negado -la primera vez en público y la segunda en privado- la razón absoluta que le otorga quien le recibe, el presidente ucraniano ha disfrutado en sus tours de propaganda de recibir exactamente lo que pedía. Ayer, en Madrid, se confirmó lo que indicaba el mensaje de Zelensky el domingo, una vista que se presumía “productiva”. Zelensky ha obtenido tratos históricos en las tres paradas de su gira europea.
En Francia, el presidente ucraniano realizó junto a su homólogo francés la solemne firma de la venta -si puede considerarse venta una promesa de entregar en los próximos años 100 cazas cuyo coste Ucrania no espera pagar- de 100 cazas Rafale. Antes, Kiev había anunciado también 150 cazas Gripen. “Flamingos, Tomahawks, Gripen y ahora Rafales El gobierno ucraniano tiene un déficit anual de 35.000 millones de dólares. ¿Cómo pueden permitírselo? Solo si alguien se lo paga. ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Cuántos? No hay ningún plan. Es una catástrofe cuyos efectos en la guerra solo no son devastadores gracias al valor de algunos hombres”, escribió la analista militar brasileña Patricia Marins en un post que reaccionaba a los habituales comentarios que anuncian que el enésimo trato de venta de armas va a suponer un punto de inflexión en el frente o un cambio cualitativo en la actual relación de fuerzas de la guerra. “Esto es puro marketing. No tiene ningún fundamento. Es tan vacío, sin ninguna propuesta de compra firmada, absolutamente nada excepto una carta de intención, que no deja de ser marketing. El problema no reside en los ucranianos, sino en un sistema que cree que todo se puede solucionar mediante artículos en los medios de comunicación y marketing. Y no están hablando de 10 o 20 aviones, sino de 250. Un desafío para la capacidad cognitiva de quienes leen las noticias”, añadió para explicar que todo se trata de promesas a largo plazo sin efecto real en la situación en el frente. Sigue leyendo